El Correo Gallego

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los reyes del mando

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Ganar (o no)

24.04.2019 
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UN DEBATE no vale por toda una campaña, cuando la campaña lleva meses y meses escribiéndose. Ni un debate, ni dos. Pero, sin embargo, hay que pensar que no sobra el intercambio de ideas (también hubo fotos, fichas, apuntes, y esas estadísticas en pulcros papeles satinados, que siempre parecen algo elementales). A mí me gusta que haya debates (incluso veo bien conversar en un estadio de fútbol, como creo que hicieron en Ucrania, en un teatro, en los bares), aunque los expertos prefieren controlarlo todo, empezando por el lenguaje, que, como se sabe, lo carga el diablo. El excesivo control suele indicar que existe un miedo subterráneo, ese miedo a decir de más, porque según la sabiduría popular, uno es amo de los silencios y rehén de las palabras. Quizás por eso Rivera, en un final excesivamente teatralizado, sacó el lunes lo del silencio. Lo malo del debate es que exige hablar, conversar, y a ser posible no caer en lugares comunes.

Escribo horas antes del partido de vuelta en Atresmedia, que muchos han considerado el filtro final, el lugar donde tendría que escenificarse lo que puede unirse y lo que no (que es algo que no tenemos todavía demasiado claro). No sé qué habrá pasado, pero es seguro que algunos, asustados por su perfil en el primer encuentro (o encontronazo) habrán buscado reivindicarse, cambiar de estrategia, ser más alegres, más concretos, más agresivos... Vamos, lo que diga el entrenador. Hubo cosas que sorprendieron a algunos, dentro de esa rigidez formal que desde luego tiene todo debate, por mucho que Xabier Fortes (al que parece que esto le gusta) invitara a los candidatos a interrumpirse, sin pasarse, claro. Creo que Fortes fue el que más sentido del humor demostró en toda la noche (después, los memes). No sólo sorprendió la foto que sacó Rivera (al que, la verdad, no le faltaba de nada): no tanto por la foto, sino más bien por el portarretratos. Salió Ábalos en lugar de Sánchez a la zona mixta, tras el encuentro, en esas declaraciones pospartido. A Pedro J., que estaba de invitado en la tertulia de la 1, no le gustó, pero luego Sánchez habló ya desde Ferraz, lejos del escenario, y parecía contento. Sin embargo, el largo parlamento de Ábalos (en comparación con los otros candidatos) descolocó a más de uno.

En las últimas horas la máxima preocupación mediática ha recaído en una pregunta previsible y seguramente inútil: "entonces, ¿quién ha ganado?" Lo cual confirma que esto suena a eliminatoria de la Champions. Así que el segundo debate, necesariamente, habrá sido más competido. Cabe pensar que Casado, por ejemplo, habrá entrado más en el juego vertical. También él sorprendió el lunes, después de una campaña articulada con frases duras y directas. Iglesias, con su ejemplar de la Constitución en la mano, habrá pasado en casa la moviola (digo yo), y quizás anoche haya tratado de recuperar aquellas subidas suyas por la banda izquierda. En fin. Los debates alimentan de maravilla las tertulias posteriores, como sucede con los partidos de fútbol. El primer encuentro pareció encontrar a los candidatos con muchos kilómetros en las piernas y muchas frases memorizadas. Como quien tira de repertorio. Ahora mismo, lo que cuenta es lo último. Lo de anoche. Y en unos días, lo que digan ustedes.