El Correo Gallego

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LOS REYES DEL MANDO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Gobierno, no gobierno

12.09.2019 
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EN la sesión del Congreso el tema de evitar las elecciones (o sea, el de formar gobierno) pasaba entre otros discursos, se filtraba con tozudez, porque es el gran tema, aunque haya otros sobre la mesa. Da lo mismo el asunto del día: al final estamos hablando de lo mismo, que decía el otro. Y todos miran para Sánchez e Iglesias, que, a su vez, se ignoran, o poco menos. Es un juego visual curioso, el resultado de numerosas reuniones fallidas, supongo. El resultado del desamor. Como hay cámaras, y Ferreras está siguiendo el minuto y resultado con ardor periodístico, cualquier rictus de fastidio, o de incredulidad, cualquier sonrisa soterrada, cualquier gesto, tiene de inmediato decenas de lecturas. El lenguaje corporal es el mayor síntoma de que no hay posibilidades de acuerdo, salvo que sea jueves y haya milagro. Eso es lo que llamaba la atención a tertulianos, politólogos y así, reunidos en los platós por una misma causa, la de leer las vísceras del momento político. Todos se afanan en ver los síntomas, ya digo, en interpretar los gestos, si los hay, o las miradas huidizas. El reverso exacto de todas esas reuniones en las que se dan la mano con alguna sonrisa para la galería. El Congreso se ha revelado como un escenario magnífico para la gran representación del amor imposible.

Así que veo, a pocos días de que cumpla el plazo (todas las horas cuentan, la última mata), que la suerte está echada, por no decirlo en latines, y que de nada sirven las peticiones del oyente, o sea, algunos que pasan, políticos que están por la labor, pero que no tienen la sartén del pacto por el mango, y en este plan. Bueno, y José Sacristán. Ayer ‘El País’ sacó en portada ese encuentro callejero entre actor y vicepresidenta, que, por lo visto, se encontraron frente al Bellas Artes sin pretenderlo, extendiendo la metáfora, también sin pretenderlo, de que todo propende finalmente a seguir ese guión que otros escriben, y que domina la escena política. Sacristán, aprovechando el encuentro, pidió que se pusieran de acuerdo, que un poquito de por favor. Así, en medio de la rúa, que es por donde pasa la vida.

Pero el día, que quizás no era un día cualquiera, estuvo dominado por esos planos del Congreso, por el laberinto de las miradas no miradas, por la promesa del gobierno no gobierno, como diría el anuncio ese del banco. No hay otro tema, aunque haya muchos. Pronto se escuchó el memorial de agravios, que fermentan bajo capas de palabras sin mayor significado, relleno al fin de tantos silencios, mientras el reloj corre como en Alicia en el País de las Maravillas. Se cruzan apuestas en las tertulias sobre si habrá un giro imprevisto, como en las noches de verano en las que se esperaba a Neymar como se espera a Godot. Que nunca llega. Hasta ‘La noche en 24 horas’ ha colocado la cuenta atrás en pantalla, como en un despegue de Cabo Cañaveral. Y sí, Huston, tenemos un problema.

Alguien dijo ayer que todo se parecía a una laguna repleta de machos alfa, pero al final es la estrategia, estúpido. La lectura también de las vísceras del disenso, que arroja datos sobre la conveniencia del ‘wait and see’, esperar y ver hasta que el cuerpo aguante. O el calendario. O la mirada.