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El Correo Gallego

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LOS REYES DEL MANDO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Mi gran Scorsese

21.10.2018 
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TODOS tenemos nuestros artistas de cabecera (o deberíamos tenerlos), y Martin Scorsese es para mí uno de ellos. Su discurso, la otra tarde, en Oviedo, me reconecta con la felicidad, con la serenidad del mundo. Escribo esto mientras veo en directo la multitudinaria marcha londinense a favor de un nuevo referéndum sobre el Brexit (‘People’s vote march for the future’): abrumadora siembra de razón en las calles de la gran ciudad británica. Última oportunidad, quizás, para recuperar la cordura, para poner freno a la moda que pretende levantar fronteras y agitar la desconfianza. Y el arte y la cultura tienen mucho que decir a la hora de salvarnos de los nuevos brutos.
Ahí es donde surge Scorsese, cuyo discurso en los premios Princesa de Asturias me parece un diagnóstico perfecto de este momento manipulador, vergonzante, con el que encaramos el decepcionante comienzo del siglo XXI. Un momento que bebe con toda seguridad de la endeblez del conocimiento, de la fragilidad del pensamiento, de la ingeniería mediática, de la aceptación de un “clima venenoso”, como subrayó el cineasta. Me emocionó Scorsese defendiendo el arte, que resiste, dijo “al margen del contexto”. Mal asunto si un discurso de aceptación de un premio ha de ser utilizado para defender aquello a la que te has dedicado con pasión durante toda la vida: señal de que vivimos malos tiempos para la libertad artística. Y para la libertad en general.
Y son malos. Aunque tal vez vengan más años malos que nos harán más ciegos. Vino Scorsese a reconocer nuestra gran herencia cultural (a menudo la reconocen más fuera). Vino a hablar de Lorca y de Unamuno, de Cervantes y de Picasso, pero también de Luis Buñuel, al que identificó como uno de los genios históricos del cine. ¿Han escuchado hablar de Luis Buñuel por aquí recientemente? Me temo que no mucho. Reivindiquemos de una vez la gran cultura, dejemos de patalear en el lodazal. Vino el gran Scorsese a decir que el arte es siempre la parte más débil, la que primero pisotean los brutos y los que pretenden desacreditar la inteligencia. Vino Scorsese a decir que “las películas de Buñuel están más vivas y son más actuales que el último mensaje de texto que recibes”. Porque, sin duda, estamos abducidos por la simplificación que brota de las redes sociales, por ese pragmatismo ilusorio, a menudo cargado de argumentos autoritarios.
Vino Scorsese a advertirnos del peligro que supone olvidar el lado artístico de la vida. Despreciarlo, atarlo de pies y manos. Algo que sin duda no deja de suceder cada día. No falta quien desea someterlo al juzgado censor, a las modas, al oleaje de diseño (o al estúpido control puritano). Dijo el autor de ‘Taxi Driver’: “el arte es siempre tan frágil. Se critica, se margina y a menudo se trata como si no fuera esencial para la vida. (…) Siempre hay alguien tratando de poner el arte y al artista en su sitio”.
Pero el arte sí es esencial para la vida. Es difícil ser más certero y exacto de lo que el gran Scorsese fue la otra noche: “Acepto este premio en nombre de la libertad y la revelación: la libertad (…) para no dejarse llevar por todas esas categorías absurdas actuales, o por los juicios triviales, (…) y los pronunciamientos de moda”. La lección del maestro.