El Correo Gallego

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LOS REYES DEL MANDO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Groenlandia

19.08.2019 
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NO sorprende demasiado esa pregunta de Trump sobre Groenlandia. La pregunta tiene que ver con una forma de entender el mundo. No es el único que entiende el mundo así, desde luego, pero a él esta idea le sienta como un guante. Creo que tiene que ver con la costumbre de reducirlo todo al precio de las cosas (ahí está su insistencia en que México pague el muro, que al parecer es lo único preocupante de ese terrible asunto), una costumbre que me recuerda tanto a esos que llegan de pronto y dicen, ufanos, “¿cuánto vale esto?”, y ponen la pasta sobre la mesa con cierta displicencia. Escucho a Trump y siento que en realidad le está diciendo a Dinamarca “a ver chicos, dadme ya un precio”. A fin de cuentas Groenlandia es un gran pedazo de tierra más bien poco habitado, bastante helado (eso sí, cada vez menos), y parece que bendecido, ay, con numerosos recursos naturales. Que Trump pregunte por el precio de Groenlandia no es algo nuevo. Ya sucedió en la época de Truman, como sin duda habrán leído estos días, y me temo que cada vez será un asunto más recurrente. Y luego está la historia de Alaska, bien conocida, que habla precisamente de eso: de la posibilidad de comprar y vender territorios y de su relevancia de cara al futuro.

Lo de Truman se inscribió en el inicio de la Guerra Fría, y ahora que el orden internacional está sufriendo una fortísima marejada, originada por liderazgos polémicos y autoritarios, y por guerras comerciales provocadas, parece evidente que se avecinan nuevos intentos de hacerse con partes del mundo que pueden resultar relevantes por razones diversas, y no sólo por cuestiones geoestratégicas. Groenlandia vuelve a ser todo un símbolo internacional, y es ya un icono de la lucha por territorios que empiezan a ser valorados económicamente (sobre todo, tras el deshielo propiciado por el calentamiento global). Groenlandia ofrece más, porque se trata de un lugar extenso, situado a medio camino del Atlántico, lo que hace que acumule una importancia extraordinaria. Trump lo sabe y sus asesores también, y otros muchos países están haciendo lecturas parecidas del mundo que vendrá después de los cambios que ya anuncia el siglo XXI y también de los cambios (y las urgencias) que va a provocar la fusión del hielo. Se congelan de pronto muchas relaciones internacionales, se mira con gran frialdad al vecino, pero eso sucede al tiempo que se calientan los polos y se funden los glaciares. Así están las cosas: la nueva guerra fría tiene como escenario un planeta recalentado.

Mientras muchos territorios empiezan a estar en la agenda internacional, el deterioro persiste y la situación política se hace más incómoda y menos comprensible. Dinamarca ha protestado con razón, ante las ofertas de Trump por Groenlandia, pero sobre todo ha protestado con ironía. Hay que preservar el lenguaje inteligente tanto como la naturaleza. Es un ecosistema protector en los tiempos que corren. En Islandia, ayer, una celebración se despedía del primer glaciar desaparecido, al que sucederán otros muchos. Islandia no está tan lejos de Groenlandia, y ambas nos avisan del desastre que viene. Y nos hablan de la voracidad, el egoísmo y el deseo feroz que tenemos de domesticarlo todo a cualquier precio.