El Correo Gallego

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LOS REYES DEL MANDO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

¿Hacia Orwell?

02.12.2019 
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ES DIFÍCIL encontrar un programa que aborde el futuro inmediato de la humanidad con más profundidad que ‘Enviado Especial’ (La Sexta). Jalis de la Serna lleva ya tres temporadas investigando sobre los grandes temas que atañen a los cambios que trae consigo el siglo XXI. No es un programa que se pare en cuitas domésticas, en debates nimios, pretenciosos o provincianos, tan propios de la política de mirada corta que tanto abunda hoy, sino que analiza el mundo globalmente, más allá de las fronteras. Porque hoy todo nos afecta, todo está conectado con todo. En las últimas semanas, Jalis visita países con ciertas características que tienen que ver con algunos aspectos de la modernidad: el país sin azúcar, el país del agua, el país de la desconexión. Entre ellos, descubrí (suelo grabarlo, porque no hay tiempo para todo, pero merece mucho la pena hacerlo), un viaje hacia los peligros de la tecnología.

Hablar de la tecnología como algo potencialmente peligroso parece ir en contra, precisamente, de cualquier modelo interesado en el progreso. Pero las cosas no son tan fáciles como parecen. Abunda la tecnofobia, de la misma manera que abunda la adición a las tecnologías (y, particularmente, a los móviles). La tecnología ha mejorado la vida en este planeta, y sin duda lo seguirá haciendo. Grandes cosas se esperan de ella. Pero, de paso, algunas otras cosas han provocado el desasosiego de la ciudadanía y de no pocos expertos.

En su viaje hacia el peligro de las nuevas tecnologías, Jalis nos muestra cómo la huella digital deja cada vez más a los ciudadanos a merced de los grandes beneficiados por el ‘big data’. Es verdad que los datos dominarán el mundo, modularán las decisiones de empresas y gobiernos, algo que de hecho ya sucede. Como ocurre con la tecnología, todo lo positivo implica renuncias. Y algunas tienen que ver con la vida de las personas. ¿Es negociable la desconexión? Parece difícil, salvo, quizás, en una isla desierta. Ahí está Jalis, con expertos en ciberseguridad, extrabajadores de tecnológicas que critican el progresivo control de los ciudadanos, o con activistas que predican la liberación de las ataduras tecnológicas, incluyendo centros de rehabilitación. El progreso trae nuevas enfermedades, como la adicción a la tecnología.

Sin embargo, basta con buscar en el archivo de ‘Enviado Especial’ para encontrar en la segunda temporada un reportaje sobre el país más conectado del mundo, Estonia. Es justo la otra cara de la moneda. Un país en el que, se escucha, muchos ciudadanos ni siquiera tenían teléfono hace no muchas décadas, y que ahora ha centralizado casi todos los servicios en su tarjeta de identidad, un carné que identifica al ciudadano para prácticamente todas las acciones de la vida diaria, sean normales o excepcionales. Su aceptación implica, claro es, una confianza ciega en el tratamiento digital de los datos personales. También sabemos que muchos países están activando el reconocimiento facial en las ciudades, lo que ha provocado una sensación de que un mundo pavorosamente orwelliano se cierne sobre nosotros. El progreso parece llegar, pero combinado con temores más que justificados.