El Correo Gallego

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los reyes del mando

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Relatividad

12.06.2019 
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LA RELATIVIDAD está mal vista, porque vivimos tiempos que añoran grandes seguridades y quieren objetivarlo todo. Creí que vendría una revolución romántica, y resulta que viene la revolución de las matemáticas, la carrera universitaria en auge en estos momentos. Pero siempre se ha dicho que la matemática es la poesía de la ciencia, así que también habrá un lado creativo, emocional, inspirador. En estos días de Selectividad, o como se llame ahora, las matemáticas regresan con fuerza: los que saben dicen que todo es por el 'big data', el dato groso, tan deseado para leer nuestra voluntad, junto al algoritmo que domina el mundo. Las matemáticas se tomaron por el lenguaje de Dios, Pitágoras y su gallo me perdonen, y la poesía es también la voz divina. Ahora van a dominarnos a todos, no con un anillo, como Tolkien, sino con un algoritmo de oro, forjado en las montañas del destino, que podría ser un sótano de Palo Alto con restos de comida rápida. Una pizza a medio comer puede tener un genio al lado.

En un futuro no lejano, que ya es el presente, todo tendrá una formulación matemática que podrá predecir las decisiones colectivas y obrar en consecuencia, pues somos una marea de deseos y unos compradores previsibles, el gozo del mercado. Los robots que están eclosionando entre tornillos y galletitas de silicio van a pasarnos la fregona y a controlarnos la pasta en bolsa, mientras preparan carne ao caldeiro. Un día se rebelarán e inutilizarán el mando a distancia, si no les mola la programación, lo cual es bastante posible. Ya hay artilugios chupiguay que nos hacen mucho más caso que los hijos adolescentes, pero algunos creen que son unos espías del carajo. Stephen Hawking tenía un temor fundado a las máquinas ahítas de datos personales, porque pueden tomar decisiones muy locas o directamente odiarnos. Y muchos de nuestros hijos estarán pronto ahí, zambulléndose en el 'big data', que es el picadillo numérico de nuestras conciencias, nuestros pensamientos y nuestra tarjeta de crédito. Siempre me temí que el alma fuera un número, pero espero que no sea el de la cuenta corriente.

La importancia de las matemáticas la conocen bien nuestros políticos, que se hallan estos días en salones y pasillos, haciendo cuentas con la calculadora del móvil. No sólo es la Ley D´Hont, que tantas polémicas trae, sino los pactos que se va fraguando, justo en estos días de gran auge de las matemáticas. Alguno, a este paso, va a inventar alguna fórmula sorprendente, porque se ven incontables maravillas contables. Lo que se sabe es que todo depende, como en aquella canción. Los políticos están aprendiendo, por si no lo habían hecho ya, el relativismo de sus victorias e incluso el relativismo de sus derrotas. En esta época que demanda tantas seguridades y tantas verdades absolutas, resulta que la matemática se revela en su dulce esplendor combinatorio, ese gran orgasmo factorial, obligando a cavilaciones de toda índole. Los políticos deberían comprender que la realidad tiene muchos vericuetos, es hermosamente poliédrica, así que menos exigir que los humanos manejemos certezas todo el rato, corazones. Lo bonito está en lo posible, que es justamente la definición de la política. Aunque mola más alcanzar lo imposible.