El Correo Gallego

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los reyes del mando

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

La serie

20.06.2019 
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AHORA está de moda inventarse series. No tanto a lo mejor novelas, o películas, pero sí series. Las series dan prestigio y mucha cosa, tienen una audiencia importante, como todo el mundo sabe, y parecen una necesidad para la población, algo así como el pan. Esto ya pasó en otros momentos gloriosos de la humanidad. No había pantallas, pero había folletines y la gente se suscribía para poder leerlos antes que nadie. Qué locura, ¿verdad? Lo que la gente hizo un día por leer lo hace ahora por las series. No es ya el mero hecho de verlas, sino sabérselas. Por ejemplo, poder no contar el final. Poder decir, con esa satisfacción de moderno enchufado, “no te cuento más que te hago spoiler”. Ah, Dios, con qué ímpetu léxico ha penetrado en nuestro mundo esa palabra anglosajona. Este es el momento de los adalides de la lucha contra el anglicismo, desde luego. No hay joven que no se lleve la palabra ‘spoiler’ a la boca, y ello sucede sobre todo con las series. De donde se deduce que en las series importa sobre todo el final, algo que no siempre sucede en la literatura. Nadie pregunta, ¿y cómo acaba Ulysses? Pues Ulysses acaba mal, regular, pshe, como un día cualquiera.

Hay que hacer series, a poder ser más baratas que ‘Juego de tronos’. Es el momento de pedírselo al dueño de Facebook, que va a montar un banco de moneda online, o como sea esa modalidad de criptomoneda. Otro día hablamos de eso. El caso es que tengo un amigo, pongamos que hablo de Madrid, que el otro día, mientras encajaba en las alacenas la compra del Mercadona, se volvió hacia a mí y me espetó: “lo he vuelto a ver”. “¿A quién?”, tercié atónito. Y con los ojos brillantes me respondió: “A Puigdemont”.

Mi amigo empieza a ver a Puigdemont por todas partes, cuando resulta que sólo ha venido su abogado. No parece claro que el ex presidente de la Generalitat venga a Madrid a recoger su acta (pero sí su abogado), y sin embargo mi amigo cree, literariamente, que hay un tropel de ‘Puigdemones’ enmascarados, o disfrazados, de Vallecas a La Latina, que traen en danza a los escrutadores de rostros, que eso en China ya lo hacen con la tecnología. Es como un ¿Dónde está Wally?, pero con Puigdemont. La omnipresencia del político es mayormente mediática, y, sin embargo, de tanto verlo en pantalla, de tanto dirigirse a través del plasma, hay gente subyugada con el hecho de que vaya a aparecer por la Carrera de San Jerónimo, o por donde fuera, a preguntar sobre lo suyo. Las series nos funden el cerebro, eso es lo que pasa. Pero la fabulación no tiene precio. Mi amigo ya ha obligado a dos personas al darse la vuelta al creer que estaba en presencia del político, por su quijotesca obsesión, por el corte de pelo, o porque les oyó hablar catalán. Por lo que fuera. No era ninguna de esas personas Puigdemont. Y le reconvine muy severamente, pues no puede uno ir por la calle escrutando las aceras a ver si detecta fenómenos extraños, que creo que también era otra serie. Yo planteo la idea e incluso la vendo. ¿Qué tal una serie sobre los que creen verlo (al ex presidente) en todas partes, aunque no esté en realidad, en ninguna? Sería una serie sin protagonista. Jamás aparecería. Así que ahí ya los productores se ahorran muchísimo. Es una serie realista. Nada, tonterías que se me ocurren.