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los reyes del mando

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Volver a Lucio Muñoz

05.04.2019 
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ME encontré en A Coruña con Rodrigo Muñoz Avia, el hijo menor de Lucio Muñoz y Amalia Avia. Siempre fue un admirador de Lucio Muñoz, al que seguí febrilmente en el Reina Sofía. Identifiqué su generación, la de los cincuenta, como una de las más productivas, difícilmente superable. Es un país de grandes artistas, aquellos trajeron el expresionismo abstracto y la gran batalla de lo conceptual. Menos Antonio López, claro, que se mantuvo fiel a su realismo propio, intransferible y descriptivo. Y la propia Avia, pintora de un Madrid de ausencias, como dijo de ella Cela, un Madrid por el que habían transitado las angustias. Ahora emociona recordar a Canogar, a Antonio Saura o a Manolo Millares, por citar algunos, recordar el impacto en el arte español del Grupo El Paso, pero lo que nos trae Rodrigo, el pequeño de los cuatro hijos de Lucio Muñoz es un homenaje a su padre, un texto sereno y plácido de días maravillosos en su mayoría, aunque siempre hay sus luces y sus sombras.

‘La casa de los pintores’ es el título directo (Alfaguara) de este libro de Rodrigo Muñoz Avia. Hablamos de cómo su vida y la de sus hermanos se construyó sobre aquella familia de pintores que pintaban todo el rato, y en la que se hablaba mucho de pintura. “Aunque mi padre, la verdad, prefería hablar de literatura”, me dice Rodrigo. “Sobre todo Kafka, y Bernhard, que tanto le influyeron”. Como dice Kazuo Ishiguro en ‘Lo que queda del día’, a ellos también pasaba el mundo a visitarlos. No recuerda Rodrigo muy bien cuándo fue consciente por primera vez de la gran amistad de Lucio Muñoz con Antonio López. “Estaban allí, hablando de lo suyo, y yo, la verdad, no sabía entonces quién era Antonio López”. Luego lo hemos sabido también por su hermano Nicolás, que hace no demasiado estrenó un documental sobre aquellos días de amistad y gran furor artístico. “Antonio López: apuntes del natural”, pasó también por La Dos (‘Imprescindibles’), pero “por lo que sea”, me dice Rodrigo, “ya no puede verse. Ya no está en ‘A la carta’. Yo pensaba que esos archivos quedaban ahí para siempre”.

Lucio Muñoz aparece ahí y en otros sitios, pero su documental, seguramente muy necesario, “tendrá que ser ya sin él”, reconoce Rodrigo. Algo veremos, según parece, entrevistas, testimonios, recuerdos. De momento, este libro magnífico de un hijo que mira a su padre y a su madre, tantos años después. Emociones y fotos tan sencillas y domésticas que nos devuelven un ambiente familiar que no vimos. La vida de los artistas, la vida de uno de nuestros primeros artistas. Rodrigo subraya que es el libro que hace el hijo sobre el padre. Y sobre la madre. “Siempre quiso estar en un segundo plano. También como pintora”. Pero Amalia Avia fue una figurativista excelente, “llena de alegría y de cariño, hasta la muerte de mi padre, y la depresión final”, recuerda Rodrigo. Es un libro de amor, de amor verdadero, de gran ternura, que descubre aquellos días de viajes, exposiciones, gente que se quedaba en la casa de los pintores. La televisión y el cine le deben cosas a Lucio Muñoz. Rodrigo Muñoz Avia, cuya vida creció de la pintura, pero no sólo de ella, deslumbrado por tanta creación desde la niñez, me escribe: “bienvenido a mi casa. Toma asiento y disfrútala”.