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opinión electoral

JOSÉ RAMA

El papel de los debates en campaña

24.04.2019 
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Ya han tenido lugar los dos debates electorales que enfrentarán a los presidenciables de las cuatro formaciones que compiten por la Moncloa. En ellos, el gran ausente ha sido Vox, vetado para el debate por una decisión injusta de la Junta Electoral. Decisión que, además, no se produjo en 2015, cuando Podemos y Ciudadanos, sin representación en el Congreso de los Diputados, participaron en el debate a cuatro. Pues bien, pasados los debates, y lejos de emitir aquí un juicio sobre quién ha salido más beneficiado de la contienda, utilizaré estas líneas para hablar del efecto que tienen los debates en el voto y hasta qué punto pueden condicionar a un elector.

En España, en promedio, la participación electoral es de un 72 por ciento. Desde los años 80 y hasta 2011, la oferta partidista ha sido más bien limitada y los votantes no han tenido muchas opciones entre las que dudar para emitir su voto. De hecho, las encuestas que el CIS hacía antes de las elecciones generales señalaban, por ejemplo en 2008, que un 30 por ciento de los electores estaba indeciso aún a esas alturas sobre a qué partido votar. Hoy, con muchos más partidos entre los que elegir, esa cifra ha subido al 42 por ciento. De esto son muy conscientes los partidos, que saben que se la juegan en estos últimos días de campaña. Por ello, los debates son un elemento fundamental para movilizar al electorado.

En España no ha existido una tradición de debates electorales emitidos por televisión entre los candidatos a la presidencia. Durante los años 70, Adolfo Suárez, presidente por la UCD, se negó a participar de cualquier tipo de debate. En los 80, Felipe González, al frente del Gobierno por el PSOE, fue igual de reacio a este tipo de contiendas. No sería hasta 1993 que se produciría el primer (fueron dos) gran debate entre González y Aznar. De él, saldría victorioso en segunda ronda el líder socialista. Esta experiencia negativa de los debates hizo que el PP huyese de ellos durante varios años. El resto de confrontaciones políticas tuvieron lugar en 2008, entre el Presidente Rodríguez Zapatero y el líder de oposición por el PP, Mariano Rajoy; en 2011, entre Alfredo Pérez Rubalcaba (PSOE) y, de nuevo, Mariano Rajoy y ya en 2015 y 2016 a cuatro (con la incorporación de Podemos y Ciudadanos)

Por lo general la influencia en el voto de estos debates no estuvo del todo clara. Lo que dicen la mayoría de investigaciones es que la opinión de los votantes sigue siendo la misma antes y después de que tenga lugar el debate. De hecho, si algo importa es el papel de los medios. Así, estudios revelaron como, quienes más se vieron afectados por el debate fueron aquellos que conocieron la opinión de los medios sobre el supuesto vencedor del mismo, mientras que aquellos que desconocían esta información, no variaron su postura tras la celebración del debate electoral.

Además, si algo está claro es que los debates solo pueden afectar a perfiles concretos de votantes. Los de mayor edad y con estudios son los que tienen un voto más claro desde el principio y, aunque cada vez más la gente ya no se identifica con un partido, la ideología y la valoración de líder tienen más fuerza que cualquier campaña electoral.

En las elecciones del próximo domingo, los debates seguro que han tenido su efecto (los indecisos dentro de los bloques ideológicos puede que se hayan decantado por un candidato u otro), pero de ahí a pensar que son capaces de condicionarlo todo, aún queda mucho.

(*) El autor es Profesor e Investigador en el Departamento de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid