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villa y corte

JOSÉ RAMÓN ÓNEGA

Las ideas y los gatos

13.01.2019 
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Si los políticos gastasen su tiempo en perfeccionar programas en vez de aventurar quimeras, el mundo sería un paraíso. El tiempo que gastan en discutir posturas y modos deberían invertirlo en construir programas. Ahí están los de Andalucia que le han dado al pico lo suyo antes de alcanzar acuerdos, y ya se verá lo que duran. Tenía razón Víctor Hugo cuando decía que "no son las locomotoras, sino las ideas, las que llevan y arrastran el mundo". Lo que llama más la atención es la cantidad de tiempo y posturas que gastan los políticos para conseguir consensos y alcanzar acuerdos. Los últimos fueron los de Andalucía retorciendo palabras y argumentos sudando tinta y estrellas. Bien es verdad que expresar ideas y que te las acepten los contrarios es poco menos que milagro evangélico. Acaso porque las ideas, como ­expresó Shaw, "son como las pulgas: saltan de unos a otros, pero no pican a ­todos".

Dicen que mientras Ciudadanos dificulta el acuerdo con el PP, Vox y Casado dan por finalizadas las discrepancias. Ya se verá lo que ocurra de aquí a que se cierren del todo los pactos y se forme ­Gobierno porque los políticos no descansan si no le dan vueltas a la tortilla, hasta lograr que se tueste o se queme. Alguien dijo que las convicciones son como las camisas: para que estén siempre limpias hay que mudarlas. Porque lo que más llamaba la atención mientras discutían, eran las sonrisas, las manos tendidas y los abrazos. No ponían cara de perro, ni sonrisa avinagrada, ni siquiera rictus de amargura. Se les veía contentos y regocijados, melifluos y optimistas. Sobre todo los del PP, ya que Moreno Bonilla, que presidirá la coalición con Ciudadanos, es de natural alegre, optimista y amable. Incluso, para mi gusto, demasiado sonriente y festivo. Salen en la tele con sonrisa ancha, como de fiesta, y algunos se preguntan de qué se ríen o qué celebran. Acaso no le falta razón a Engel cuando dice que "las ideas se encienden unas a otras como las chispas ­eléctricas".

Quien está como Virgen Dolorosa es Susana Díaz, sultana que gobernó Andalucía entre pitos y palmas. El PSOE andaluz disfrutó durante 36 años de poder socialista, seis de ellos le tocaron a Susana que se ponía bata de cola mientras unos cuantos del patido, muy relevantes, repartían auxilios y prebendas. No fueron menores los puticlubs pagados con tarjetas de la Junta, los ERE y otros beneficios. Uno no sabe si se debería limitar, o no, el tiempo de poder y el ejercicio del mando. Uno cree que sí. El tiempo excesivo en la poltrona genera siempre una pérdida de referencia de la realidad, un acomodo que se convierte en rutina. Explicó Víctor Hugo que "no son las locomotoras, sino las ideas, las que llevan y arrastran el mundo". O sea, que te levantas de la cama por las mañanas, te vistes de fino y repasas las ideas, ­proponiéndote nuevas iniciativas. Es un cheque sin fondos porque a las ideas no se las fusila, sino que se las ­acaricia. En eso son ­como los gatos. Nunca sabes si te acarician, te lamen, o te arañan.

Por eso, los acuerdos de Andalucía no parecen sólo política, que lo son, sino juego de cartas. Han reñido fieramente en la campaña electoral y ahora se besan como los artistas de Hollywood. Los ves en las teles, periódicos y redes intercambiando los documentos del acuerdo y parece que se están pasando la fuente de percebes o el bogavante de la ría. En definitiva, eso es la política aunque lo disimulen unos más que otros. Alguien dijo que es bastante más fácil ser caritativo que justo. Además, en política, ocurre que muchos prefieren la felicidad a la sabiduría. Los que ahora se aprestan a gobernar Andalucía, saldrán tristes a la calle el día de mañana por haber perdido el tren. Los que han perdido, como Susana, no podrán conciliar el sueño en muchas décadas hasta que vuelvan a llover primaveras en el Guadalquivir. Porque el poder, en democracia, dura poco y es siempre relativo. Ahora que Susana ha perdido la poltrona, los que ganaron se verán en el mismo pozo de amarguras que la política siempre reparte.

Piensa uno en los sultanes moros que tenían cientos de concubinas y en los que, en la época del Imperio, guardaban en la Torre el oro de las Indias. Andalucía sigue siendo un misterio, un crucigrama, un libro de texto para estudiar en los recreos. La política, piensa uno con cierta morriña, es, o debería ser, el cantar de Gabriel y Galán: "Y no hay deleites humanos // ni más grandes ni más sanos // que estos que son mi ideal : // pan de trigo candeal // comido en paz y entre hermanos". A ver si los andaluces, seguidores de la copla y amantes del vino de Jerez, son capaces de gobernarse. Dijo ­Aristóteles que "el sabio no busca el placer, sólo busca la ausencia de dolor". Los gatos son animales de compañías, tan independientes como altivos que no obedecen consignas ni firman tratados. Pero están en todas partes y en todas partes cazan ­ratones.