El Correo Gallego

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ESPIGANDO

JOSÉ RODRÍGUEZ

Voto razonado

26.04.2019 
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Están a un tiro de piedra las urnas. Se mueven vertiginosamente los representantes de los partidos políticos, agotando los últimos días de campaña y, por doquier, salen a luz augurios de encuestas y tendencias de seguridades y de dudas. Cada vez más, aumenta la gama de colores de la paleta para dibujar un verdadero cuadro electoral. Hoy está la cosa un tanto complicada con la multiforme aparición de nuevos partidos políticos, que nacen para morir tempranamente por causa de la endeblez cuantitativa de sus masas. Han pasado desde hace poco los tiempos en que la piel de toro se teñía, casi exclusivamente, de dos colores : el azul de la derecha y el rojo de la izquierda. Era el bipartidismo, el que dio feliz alumbramiento a los años de la transición y se quedó, durante cuarenta más. No le ha ido mal del todo a nuestra recobrada democracia con tal sistema de alternancia. Pero los tiempos nos trajeron nuevas inquietudes, inconformismos y ambiciones tendentes a la conquista de espacios y posibilidades de cambio.

Quizás sea ello un signo de la necesidad de renovar lo que estaba siendo viejo, adormecido en la rutina y propicio al desgobierno y al abuso. Quizás, por esta causa, surgieron como hongos esos nuevos partidos y, salvo escasa excepciones, muchos de ellos abocados al fracaso y a la desaparición. Pero, mientras viven, reciben su inevitable cuota de votos, que se pierden irremisiblemente, al no alcanzar suficiente suma para la consecución de escaños. Se alimentan del voto errático de los descontentos, los inconformes y los vindicativos. Su incapacidad para crear resulta eficaz para destruir y para evitar el logro mayoritario de otros partidos de mayores dimensiones. No son, precisamente, votos garantes de una deseable estabilidad, porque si bien permiten desbancar mayorías absolutas, no favorecen el equilibrio que pueden traer las mayorías minoritarias. Sería conveniente que la ciudadanía, antes de ir a las urnas, hiciera una profunda reflexión sobre la utilidad de su voto, teniendo en cuenta el sentido razonable y trascendente de su acción de votar. Los programas de los partidos son amplios y, en algunos casos, plagados de utopías irrealizables o de temerarias iniciativas que, una vez ejecutadas, no traerán más que nefandos resultados.

Un buen consejo para todo votante es que, digan lo que digan los programas, lo trascendente y prioritario es la creación y sustento de una buena economía. Lo demás, viene como consecuencia. Sirva, para el caso, como un ejemplo a tener en cuenta.

 

*EL AUTOR ES JUBILADO