El Correo Gallego

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JUAN SALGADO

Monopolio del derecho a ofender

11.02.2019 
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COMENCEMOS por una simplificación: La polémica por el comportamiento del grupo de gobierno municipal de Compostela Aberta a raíz de unas denuncias del Partido Popular sobre supuestos tratos o adjudicaciones a familiares o amigos no pasa de una tormenta en un vaso de agua. Al menos allí hasta donde no excedan la línea de lo delictivo.

Primero, porque a estas alturas de la película pretender que Compostela Aberta sea coherente con el código ético firmado antes de su llegada a Rajoy y su reiterado discurso de regeneración democrática es esperar un imposible. Más relevante fue la promesa que Martiño Noriega hizo por escrito en su día, en el concello de Teo, de entregar su acta municipal si abandonaba el BNG y en la ventanilla del partido nacionalista aún le están esperando.

Segundo, porque más allá de esos 9, 12 o 28 casos que denuncia en PP tanto en Santiago como Coruña o Ferrol, lo que le honra por entrar de lleno en su deber de oposición responsable, están los 19 millones que Compostela Aberta gestionó desde 2015 de espaldas a toda concurrencia competitiva y que sólo la ingenuidad llevaría a pensar que se hizo por un bienintencionado altruismo o por ineludibles urgencias.

Es de elogiar que el PP denuncie lo que entiende como comportamiento incoherente en el actual regidor de la municipalidad y que lo haga dentro de los límites de la corrección política. Máxime si se tiene en cuenta que En Marea llegó a los despachos de Rajoy luego de una descarnada campaña de acoso y derribo contra el PP en forma de desprestigio, con ofensas no probadas y lidenzas del tipo "non lexitimar a indecencia", "un estado de sitio amparado pola indignidade" o "tan só a mafia pode rexenerar a mafia". Manifestaciones que más correspondieran a una patología social de odio al contrario, a quien piensa distinto, que a un comportamiento que se reclama para sí mismo democrático.

En esos ataques a los populares ocuparon un lugar prevalente las descalificaciones hechas a los siete concejales sentados en el banquillo de los acusados porque la Justicia es como es y la ocasión política la pintaban calva. Sirvió para la campaña y era lo relevante. Poco importa que el precio de tal ignominia fuese la carrera política, honesta y legítima de siete ediles. También ellos, a día de hoy, siguen esperando que Martiño, antes de acudir airado a los tribunales, se pase por la sede del PP a pedir perdón, una vez que los concejales fueron exonerados de toda responsabilidad judicial.

Pero se aludía a lo de la tormenta en vaso de agua porque olvida el PP que tanto Compostela Aberta como su líder Noriega hace mucho tiempo que se reservan para sí la exclusividad de la ofensa o de la crítica y que no consienten en los demás lo que ellos practican cada día. De ahí la nuevamente iracunda respuesta a la denuncia de los populares.

Y dado que su trayectoria política se asienta, según propia confesión más "polas cuestións que me provocan rexeitamento que polas que quero impulsar" -que también es una filosofía de vida- y serán los tribunales, a los que piensa acudir y que tan afectos le son, los que dicten la última palabra, habrá que esperar para saber si la aireada indignación que muestra ahora mismo es o no un brindis al sol. Uno más.

jsalgado@telefonica.net