El Correo Gallego

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JUAN SALGADO

¿Quo vadis, Medicina?

08.11.2019 
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EL CONFLICTO desatado en la Facultad de Medicina responde a razones solo académicas. Además, sustenta su veracidad en la mayoritaria y concordante apreciación de los alumnos. Son demandas que en su casi totalidad ampara la ley y proceden de un sector de alumnado significado por la excelencia; no en balde la nota de corte para acceder a la titulación fue de 12,34.

El conflicto trae causa de una dejación de años, un dejar hacer de la otrora afamada Escuela Médica Compostelana, tan encantada de conocerse que fue languideciendo entre el inmovilismo y la endogamia por parte de sus continuadores. Al final, la suma de todas esas abdicaciones colmó la paciencia estudiantil en una movilización que, mala para los estudiantes, para la Facultad y para Compostela, precisa de una rápida resolución, de modo que puedan evitarse los siempre graves daños colaterales. Que los hay.

Razones o demandas de tipo estructural, organizativas, educacionales y hasta sociales o éticas resumen cuanto los estudiantes han puesto de manifiesto. Y hay que significar que una parte importante de ellas solo precisan de la siempre exigible aplicación de la ley para que se vean satisfechas en su totalidad y a la mayor brevedad (carga lectiva, evaluaciones, homogeneización de disciplinas, solapamiento de clases o agilización de la entrega de notas). En este mismo capítulo de la inmediatez hay que situar las denuncias que podrían englobarse bajo la también exigible actitud ética de respeto por las diferencias o la no vejación del alumno, que son doblemente condenables.

Otras demandas, en cambio, precisarán de más voluntad y tiempo que el que requiere la inmediatez, pero que es igual de necesario afrontar para corregir errores del pasado y que tan directamente condicionan la desmesurada carga lectiva, al no haberse racionalizado en su día, como exigía la Acsug.

El decano de la facultad alude a las dificultades que en la resolución del conflicto representa la relevancia que la legislación universitaria otorga a los departamentos y manifiesta sentirse al lado de sus alumnos, en el mismo barco. Siendo ello así, cabría recordarle que la libertad de cátedra invocada lo es solo hasta donde lo permite la LOM-LOU y los estatutos de la USC, que por otra parte conceden al decanato competencias suficientes para vigilar la recta aplicación de aquella libertad, le encomienda la responsabilidad de cumplir y hacer cumplir la memoria verificada de la titulación y le responsabiliza del correcto funcionamiento de la actividad docente y administrativa.

Pero, como se señala, la llamada de aviso estudiantil es lo suficientemente relevante como para motivar la urgente mediación del equipo rectoral, tanto amparando las razonadas demandas estudiantiles como, sobre todo, abanderando más sesudas reflexiones y consiguientes decisiones sobre una facultad -tradicionalmente dejada a su libre albedrío- tan en el disparadero de oscuros intereses ajenos como para que en sus manifiestas pero fácilmente corregibles debilidades no intenten otros la siempre productiva pesca en río revuelto. Algo que la USC debiera haber aprendido hace tiempo, desde la aparición de otras universidades en Galicia.

jsalgado@telefonia,net