El Correo Gallego

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A SON DE MAR

JUAN SALGADO

De eso se trataba, de sobrevivir

22.07.2019 
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LA RECIENTE aparición de nuevos partidos en medio del plácido mar del bipartidismo, que venía siendo hegemónico desde la recuperación de las libertades, trastocó el puzle político español y ahora toca a cada uno buscar su correspondiente casilla del tablero a costa de las formaciones más próximas ideológicamente, a las que se pretende arrebatar su significancia y peso específico entre los votantes.

Pero ocurre que, mientras se hace todo ello, toca también ejercer la política en su sentido más genuino; legislar y gobernar. Por ello no es extraño ese trasvase de intereses de lo partidista a lo político, que es lo que está haciendo interminable la configuración de una opción de gobierno y una legislatura que empiece a andar de vez, tres meses después de la convocatoria a las urnas.

Es, qué duda cabe, ese afán mutuo de fagocitarse el uno al otro lo que ha llevado a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias a rememorar, más incluso en lo simbólico que en lo concreto de una historia ya conocida, a sus homónimos de los Picapiedra en paralelismo que no ha dejado de recordarse en diferentes medios de comunicación. Igual de atrabiliarios los de ahora que los de la ficción.

Lo malo de todo ello es que Sánchez, en tanto que vencedor de las elecciones, ha hecho manifiesta dejación de su responsabilidad de buscarse los apoyos necesarios para optar a la investidura. Esa es la imagen que ha trascendido, aunque de hacer caso a la siempre sorpresiva Carmen Calvo en su comparecencia del sábado en TV, acaso se trataba sólo de fingirlo para la legitimación social de los apoyos -explícitos o con abstención- de ERC y Bildu.

Esa pelota del acuerdo de investidura está ahora, a 48 horas vista de la primera votación, en el tejado sanchista en una nada cómoda situación en la que Pablo Iglesias ha sido hábil en retirarse de su confesada ambición ministerial, como se le pedía, para, a cambio, poder mover los hilos de esa misma representación de su partido en el Ejecutivo, ganando en cantidad -un tercio del Gobierno- lo que habría perdido con la vicepresidencia. En todo caso, un excelente negocio.

Pero, pase lo que pase el miércoles, lo relevante no es si habrá nuevo Gobierno o no, sino si a partir de esa fecha tanto en La Moncloa como singularmente en la Carrera de San Jerónimo se contará con un bloque parlamentario suficiente y armónico como para que el país empiece andadura legislativa y gubernativa.

No se antoja fácil desde la polarización a que especialmente Pedro Sánchez ha llevado la política en el país. Práctica que si se antoja útil para alcanzar el poder, resulta nefasta para mantenerlo. Él mismo, como propiciador de la reprobación de Mariano Rajoy debe saberlo de primera mano, tras el rechazo de sus socios de censura a aprobarle las nuevas cuentas, situación que acaso vuelva a revivir antes que tarde por la dura servidumbre de pactar con el enemigo. Lo malo es que los españoles van en el mismo precio.

Pero, lo interpretaba a la perfección el humor de Caín en La Razón de días atrás al poner en boca del presidente en funciones y candidato Sánchez sus verdaderas intenciones, "Yo no hago sino darle a la ciudadanía lo que sé que ansía secretamente: verme sobrevivir". Se trata justamente de eso.

jsalgado@telefonica.net