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a son de mar

JUAN SALGADO

Un Gobierno de 'hooligans'

16.03.2019 
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POR SI DUDAS QUEDABAN del intento de algunos partidos de monopolizar en su favor el Día de la Mujer, la actuación del Gobierno socialista en las manifestaciones el pasado 8-M fue el más nítido y vergonzante ejemplo, con especial incidencia en el bochornoso espectáculo protagonizado en la de Madrid por los nueve ministros presentes. Circunstancia tanto más insólita al ser llevada a cabo por miembros del Ejecutivo de la nación a quien cabe exigir en todo momento, por deber y ejemplaridad, sentido de Estado y del saber estar.

Si lo que pretendía la manifestación era lograr políticas concretas en favor de la mujer -del empleo a las pensiones, de las ayudas a las víctimas a la conciliación laboral-, resulta de vergüenza ajena contemplar cómo hasta doce de los diecisiete ministros con la responsabilidad de llevarlas a cabo se manifestaban contra sí mismos. De aurora boreal.

Si, por el contrario, lo que se pretendía con la concentración referida y demás actos celebrados ese día era una más amplia concienciación de la sociedad en favor de la igualdad o la visibilidad de esa lacra de la violencia sexista -género, lo dijeron los académicos, es otra cosa-, también la nutrida presencia de vicepresidenta y demás miembros del Ejecutivo resultaba fuera de lugar, ya que la misión de un Gobierno es contribuir a alentar todas esas sensibilidades con armas más efectivas y distintas de la protesta callejera.

Lo más lamentable del espectáculo y que flaco favor le hizo a la reivindicación del día son los desaforados cánticos y saltos de los ministros detrás de una pancarta contra otros partidos constitucionales, caso del PP y de Ciudadanos, en una consciente demonización que levanta una suerte de cordón sanitario en la causa feminista por el que se repudia a una parte de la sociedad, negándole la más mínima empatía con los temas objeto de reivindicación por el sencillo hecho de militar en formaciones políticas de derechas. Más repugnante por condenar, a la vez, tanto a los que no se sumaron, por no acudir, como a los que sí acudieron, por ir.

De las aficiones deportivas se suele señalar lo nefasto del hooliganismo llevado a sus más radicales extremos por lo que tiene de aniquilador de la convivencia y del espíritu que es deseable reine en cada campo de juego. Que esos extremos se hayan extrapolado a la calle y protagonizados por los no menos fervorosos hooligans o hinchas de un Gobierno en funciones no hace sino ratificar el acierto de lo que mayoritariamente ha sido calificado como el peor Gobierno de la democracia.

El grado de compromiso con la causa feminista de cualquier partido, del PP a Podemos, de Vox al PSOE, de Ciudadanos a los independentistas, corresponde juzgarlo al electorado y así tendrá ocasión de hacerlo el 28 de abril. Querer hacerlo en su nombre, como intentó el PSOE a través de su Ejecutivo, es una muestra más de la torticera intención de aprovechar la mínima ocasión para ganarse un puñado de votos a cualquier precio. Que se haga de forma tan dogmática y sectaria sitúa a la causa del feminismo en una peligrosa espiral de radicalismo. Justo lo que menos falta le hace para ser, como debe, una causa de todos. Por eso, deberían hacérselo mirar quienes lo consintieron.

jsalgado@telefonica.net