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JULIO GONZÁLEZ PUENTE

Virus y nacionalismos

27.03.2020 
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ANTES de que el Gobierno pusiera en marcha el estado de alarma, su presidente entabló conversaciones con todos los presidentes de las comunidades autónomas, cosa lógica si se tiene en cuenta que somos un país fuertemente descentralizado.

Todos los presidentes dieron su visto bueno, excepto dos: los de Cataluña y País Vasco, en donde gobiernan partidos nacionalistas. Dado que el Estado se hacía cargo del problema a todos los ni-veles y con mando único, los nacionalistas aducían que esta medida suponía una recentralización y un artículo 155 encubierto.

En una palabra, que lo importante para ellos es la distribución del poder territorial, sin tener en cuenta que estamos ante un caso excepcional como es la pandemia que padecemos. Todo esto causa una inmensa pena a todo español bien nacido al ver que las dos CCAA más privilegiadas en todos los sentidos están gobernadas por gentes que uno no puede aceptar como normales, dado que aquí se trata de solucionar un problema general y fundamental, ante el cual todo lo demás palidece; es un problema de elegir entre lo importante y lo accesorio.

Pero hay otra cosa. Los españoles nos enteramos por los medios de comunicación de que el Consejo de Ministros que decretó el estado de alarma fue tremendamente tenso y Pablo Iglesias -que dio un buen ejemplo al romper su cuarentena- era partidario de dar un trato distinto a los nacionalismos en la gestión de esta crisis.

Y esto, además de rayar en la estupidez, plantea otro problema: si hay que tratar desigualmente a las comunidades históricas, ¿qué hacemos con Galicia, que siempre está de acuerdo con todo y no protesta por nada? Al final la declaración del estado de alarma salió adelante, como no podía ser de otra manera, pero a uno le queda de todo esto un regusto amargo al contemplar en qué se convirtió este país antes llamado España.

Exsecretario de Ayuntamiento