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MARIO CLAVELL

Leer un libro o tirarlo

07.08.2019 
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CABEN ambas opciones. Abro el libro nuevo al azar y verifico si está bien escrito. Si no lo está, a la piscina con él, cuatro horas malbaratadas para un libro malo son demasiadas. El pasado julio he releído en País Vasco a Baroja, a Julian Barnes de nuevas, y a Daniel Pennac de repaso (con menos entusiasmo que las primeras veces), en el viaje de regreso a Galicia. En junio solo leí los graffiti en las paredes y los textos en la camiseta de los turistas. Debía volver a los libros.

¿Se lee en España? Lo sabe cada uno. Las tres mil editoriales que hay activas en España editaron 87.000 títulos en 2018, incluidas reimpresiones: ¿cuáles elegir para comprar, recomendar, leer? Leí en mayo uno por compasión hacia el autor y se lo devolví con corteses anotaciones a lápiz, con invitación a que lo reescriba. Leí otro sobre peregrinaciones en inglés, con gusto y por aprender un poquito más de esa lengua, logro imposible.

Somos, en alguna medida, lo que hemos leído. Gusto de Barnes de mayor porque leí de pequeño los tebeos Pulgarcito y DDT y, en ellos aprendí la vida a través de las malandanzas de doña Urraca y las gazuzas de Carpanta; y a los diez años leí las aventuras de Guillermo Brown,

¿...Y qué libro leer? El que te prestan, el que te recomiendan, rara vez el que te regalan, el que compras por compromiso en el acto de presentación. Pero siempre "estar leyendo libros": más de uno al tiempo, alternando el que lees en cama y sustituye la serie, la tele; el de más calado, y el de evasión para la distendida hora baja de la siesta. Con el libro vivo otras vidas, conozco otras gentes; y lo cierro de repente, o lo abandono a la mitad; lo empiezo por el final cuando todo él es previsible. Tener algún libro a la vista. Y a veces abandonar alguno en la mesa de préstamos de la Biblioteca Pública, qué liberación.

Profesor de instituto