El Correo Gallego

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Contrariedades

XOSÉ RAMÓN R. IGLESIAS

Lenguas, falos y falacias

05.10.2018 
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Ya lo decía el joven Catulo, el poeta erótico por antonomasia de la literatura universal, que coloreó con sus versos ardientes -y también hirientes- la dulce y pícara vida cotidiana de la Roma clásica: el ocio es muy malo. Algunas de sus señorías con escaño en las Cortes Generales, como parece ser el caso del diputado de Ciudadanos Toni Cantó, no saben qué hacer con tanto tiempo libre, se aburren soberanamente lejos de sus respectivas familias y para acabar con el tedio que los consume a fuego lento en un Madrid abrasado por las altas temperaturas de este comienzo otoñal, sólo se les ocurre presentar iniciativas extemporáneas donde tuercen la realidad a su antojo, por interés y con grandes dosis de ignorancia, de modo que resulte más rentable a sus perversos deseos electorales. Nace así todo un género con aspiraciones de competir con el vigoroso falo de los Catulli Carmina: las fake news parlamentarias.

Para tranquilidad de Toni Cantó, por cuya oratoria falsa nos enteramos, aunque sin alarmarnos como él quisiera, que en Galicia está desapareciendo la lengua castellana, la palabra falo en gallego es polisémica. Esta es la riqueza de tener dos idiomas. El bilingüismo, armónico o desafinado, ofrece al hablante mayores variantes lingüísticas e interpretativas, a la vez que rescata a algunas palabras de la maldición semántica que las conduce al desuso en una de las lenguas en cuyo diccionario figuran: al soez y ordinario significado del término falo en castellano, el gallego le regala la generosa posibilidad de redimirse, reconvirtiéndose, nada menos, que en la primera persona del presente del verbo hablar. De manera que donde Cantó interpreta pene, un gallego puede entender el más grande don que produce la lengua, sin que necesariamente ambos órganos o conceptos tengan que entrar en contacto, cosa que el diputado orange desconoce, porque desgraciadamente no sabe idiomas.

Si Cantó contase con un mínimo de instrucción en la lengua de Rosalía, comprendería que falo y fala pertenecen a una misma familia léxica, pero aunque la similitud de sus significantes pueda inducir a lo contrario, proceden de un étimo latino distinto al del que proviene falacia, que es la práctica habitual de este diputado liberal en el Congreso. Con la lengua vernácula en regresión, es imposible que el castellano desaparezca de Galicia -no caerá esa breva-, salvo que sus hablantes sufrieran una repentina y misteriosa enfermedad que los dejase a todos mudos -Dios no lo quiera-, pues tampoco es muy probable que pueda arrinconarlo el inglés, por mucho que Feijóo se empeñe en contratar a un ejército de mil auxiliares de conversación extranjeros para britanizar los centros educativos.

El idioma nunca puede ser un factor de división. En esta humilde contraportada conviven cuatro en perfecta armonía, superando el trilingüismo feijoniano con el latín tan denostado en los planes de estudio actuales, pese a ser la lengua madre que dio origen a todas las que se hablan en la península Ibérica, a excepción del euskera. Cantó debe aprender a respetar esta riqueza idiomática o sus fantasías lingüísticas lo condenarán a reincidir, una y mil veces, en la eyaculación precoz que protagonizó en sede parlamentaria.