El Correo Gallego

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RESEÑA MUSICAL

RAMÓN G. BALADO

Lomebim Quintet en la Escola Berenguela

16.05.2018 
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Concierto para el próximo viernes día 18, en la “Escola Berenguela” y en invitación abierta-20´00 h.-, con el protagonismo del “Lomebim Quintet”, jóvenes músicos procedentes del “Conservatorio de Castilla- León”, alumnos de Alejandro Bustamante y que han seguido la docencia de otros maestros como Alberto Rosado, Brenno Ambrosini, Thomas Piel, Patricio Gutiérrez Pérez, J.Enrique Bouché, Roglit Isahy y Rustam Shaykhutdinov. Recibieron un “Segundo Premio”, del “III Concurso de música de Cámara” de Salamanca. El quinteto lo integran el pianista Eloy Fernández Mateos, compostelano y alumno directo Mª José Cerviño y de Alexander Gold; J.Carlos González Cabrera y Victor Fuentes de los Bueis, violinistas; la viola María García Bernalt Diego y el chelista Jaime gacría Salvador. En su programa, dos obras, una transcripción del “Concierto para piano nº 12, en La M. K. 414” de W. A. Mozart y el “Quinteto en LA M, Op. 81” del checo Antonin Dvorak.

El quinteto de Dvorak había tenido una gestación previa infructuosa en 1872, con la que se sentiría disconforme. Años después, a la altura de 1887, recuperará una partitura de la obra e intentará revisarla entre frecuentes dudas, marcado todavía por una profunda sensación de fracaso. Parecía una composición destinada al olvido pero definitivamente será lo que tendremos, uno de sus trabajos camerísticos mejor logrados. En parte por la perfecta asimilación de unas formas tradicionales de las que sacará partido en el resto de otras composiciones, desde las orquestales hasta las danzas incorporadas a sus óperas.

Hablamos de las “Dumka” o sus equivalentes, magistralmente tratadas y de las que sus continuadores ampliarán dentro de esa línea. Son precisamente las danzas de inspiración bohemia, cuyo gran ejemplo será el “Trío Op. 65”, un alarde de imaginación creadora. El quinteto que nos afecta quedará dedicado al profesor Bohdan Neureuther, para conocer su estreno un 6 de enero de 1888, con el pianista y director de orquesta Karel Kovarovic, acompañado por Karel Ondricek, Jan Pelikan, Petr Mares y Alois Neruda.

De sus tiempos, el “Molto vivace”, en La M., viene a ocupar el habitual espacio del “Scherzo”, pero el subtítulo dice ya bastante, “Furiant”, siguiendo el voluntarioso dictado de la época y la necesidad de manifestar pretensiones artísticas y reivindicativas. Tres motivos sin solución de continuidad: Uno alegre y agitado; el segundo depura transición, a modo de episodio central, con respuestas en eco de los instrumentos y un tercero en el que eslavismo resulta la clave definitiva. El “Finale”, resulta un “Allegro”, sobre el papel y bajo el título equívoco de “Polka”. Un tema consecuente, despliega con autoridad la transfiguración de la insistente “dumka”, con tintes burlescos de devaneos populares. Toda la esencia del “Quinteto en La M. Op. 81”, se concentra de forma manifiesta en los dos movimientos finales. Dvorak a estas alturas había madurado suficientemente y tenía claras las ideas que serían su mascarón de proa. Las deudas habidas con las influencias germanas, quedaban pues en un segundo plano.

Mozart en transcripción del “Concierto para piano en La M. K. 414”, el primero de la tríada de tres grandes y que inaugurará la serie vienesa de los seis majestuosos, compuestos en el período que van desde 1782 a 1782. Un Mozart en plenitud y seguro de sí mismo, ante unas obras, a veces, procedentes de obligados compromisos con sus benefactores y mecenas. Para Hönig, estamos ante un concierto marcado por las señas de una perfecta música de divertimento vienés. Nunca más a gusto con sus obras como en estos ejemplos, que se magnificarán con el género operístico, por lo que no resulta infrecuente encontrarse citas literales, trasvasadas desde los conciertos a las arias operísticas.

Para una autoridad como Alfred Einstein, en tres de los conciertos de esta serie, Mozart quería ofrecer al público tres géneros completamente diversos de concierto, distintos en cuanto a tonalidad pero típicos en el ámbito de cada uno de ellos. Es verdad que las obras estaban destinadas desde un principio al público vienés, pero recibieron una aceptación inmediata en conciertos ofrecidos en otras ciudades y en las exigentes academias privadas y para ratificarlo, en lo relativo a los tres conciertos, se entregaron a los aficionados en el invierno de 1783, bajo la apreciada forma de suscripción. La primera ejecución de este concierto, se ofreció en Viena, en el invierno de 1782, cuando contaba con 26 años y que sería el propio autor el responsable en la condición de director y solista. Todo en su justa medida.