El Correo Gallego

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TRIBUNA LIBRE

LUIS BLANCO VILA (*)

Monserrat Caballé fumaba mentolado

11.10.2018 
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HOY voy a entregar el día a Santiago ciudad, actividad y sueño. Hace bastantes semanas que no aparezco por sus rúas y plazas entrañables. Y no es por pereza sino por una suerte de resignación que me lleva a aplazar las cosas cuando deberìan ser las cosas las que me urgieran y espolearan a caminar y a disfrutar de ellas. Me da vergüenza confesar, por ejemplo, que no he visto, todavía, el "nuevo" Pórtico de la Gloria. Cuando no haya esas colas, me digo, cuando no te impidan, los visitantes de más altura, fijar los ojos en el detalle que el baño cromático ha recuperado bajo otra luz que no haga parpadear y cerrar los ojos si acaso.

Así que he decidido romper con el sillón confortable del salón, con el más confortable todavía del despacho, abierto chaflán que me trae el mar de Arousa si miro a la fachada diestra y con la sierra del Barbanza si me asomo a la siniestra, latinismo que utiliza en autor del Mío Cid cuando el Campeador sale de Burgos camino del destierro y, justo entonces, en ese preciso momento, "aparece la siniestra corneja", pájaro de mal agüero. Así que hoy iré a Santiago, aunque me canse de verdad y me aparezcan maniotas mañana o el sábado.

Tengo que ir a Santiago el jueves porque vamos a homenajear a José Manuel Romay Beccaría, honrado con el sencillo y limpio atributo de Gallego del Año, y junto a él, una docena más de ilustres personajes de la tierra, entrañados y enraizados en ella, por más que hayan vivido fuera, como yo mismo, con sesenta años de "destierro" variopinto.

Aprovecharé para dar abrazos a amigos que no he visto desde hace tiempo...y aún no sé por qué... Si lo sé, sin duda por mi inclinación a lo monacal, a la soledad y al pensamiento inevitable que se esconde tras el silencio...en este momento suavemente roto por el "Concierto para violín y oboe en re menor de Bach" que hasta las otoñales moscas escuchan detrás de la ventana.

Y antes del homenaje pasaré por el cardiólogo para que me diga qué tal funciona el motorcillo que me incrustó hace tiempo en el pecho, no vaya a ser que tantas emociones y recuerdos como me suscita el paseo por el casco viejo...

Como el encuentro primero con la recién perdida Montserrat Caballé, con la que había hablado alguna vez por teléfono y a la que encontré en Santiago porque participaba en el curso de Música en Compostela de aquel año -uno de los primeros de los noventa del siglo pasado- y a quien sorprendí tomando una infusión y fumando repantingada en un canapé del Hostal.

Yo sabía que fumaba porque unas semanas antes lo había escuchado de sus labios en el programa de radio de Luis del Olmo. Así que, nada más terminar la entrevista, la llamé desde mi despacho de Tabacalera y pedí a la delegación de TSA que le hicieran llegar tres cartones de la labor que ella fumaba, "un mentolado muy suave, que acaba con las miasmas de las cuerdas bucales. Medio cigarrillo como éste te suaviza la garganta una barbaridad". Eran tiempos de ley seca tabaquera, cuando se perseguía a los fumadores de una manera denigrante. Como a apestados.

Aún me queda alguna tarjeta de un cargo no remunerado, nombramiento excusa para el Club de Fumadores por la Tolerancia que pilotaba mi hijo Javier, que me hacía aparecer como Director de la Academia de los Buenos Humos. Vean ustedes si tengo razones para ir a Santiago este jueves, "manque chova".

(*) El autor es periodista