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El Correo Gallego

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apuntes

LUIS CARAMÉS VIÉITEZ

Papanatas o papamoscas

09.10.2019 
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CIERTO es que no hay que buscar mucho para dar con un papanatas y, si vas por Burgos, a mano tienes una catedral con su papamoscas. Sin embargo, llegó a pensarse que con tanta tecnología y artilugios inteligentes, la simpleza quedaría acantonada en algunas malas pasadas de la naturaleza. ¡Quiá! Es probable que se le endilgue su proliferación al cambio climático, pero fuere cual fuese la causa, papanatas y papamoscas no faltan, con entregada disposición a comulgar con ruedas de molino, pudiendo ser, digitales. Estos pagan cantidades desorbitadas para que le digan lo que ya saben, aquellos corren raudos tras los más exóticos predicadores, unos cuantos -incluso muchos- están dispuestos a encerrarse a practicar la siesta simultánea con líderes estirados, tanto han dado ya de sí, aunque no cobren poco por no decir nada.

Los hubo en toda época y circunstancia, dando fe de ello el diccionario de la lengua, pudiéndose transcribir un florilegio: memo, lelo, pazguato, percebe, simple, babieca... para papanatas, y no se queda atrás el papamoscas: primo, pardillo, amén de los anteriores y otros, dicho sea con permiso y disculpa de los sabedores de etimologías. Carne de populismo barato, no les vendría mal un pronto de aquellos de Unamuno, sobre todo a los que no hacen la o con un canuto, pero tienen un diploma en chino mandarín: héroes de temporada, genios vitalicios.

Por suerte existen también otros "papaleisóns" más respetables, apardados, pequeños e insectívoros, que vuelan como pájaros, realmente eso es lo que son, "paxaros" que aparecen por el mes de mayo en Galicia, y que las cazan al vuelo. De papanatas, nada. Humildes, pero listos y ágiles, con su voz de reclamo, que les libra de confusiones amorosas, como muy bien escribió el polaco Skolowski, a quien les gustaban estas aves porque volaban y no volaban, porque sus huesos están llenos de aire, por sus patas de palillo... Es un placer perderse por soutos y chousas, lejos del repicar obtuso y simplista de tanto mangante sacamuelas, parladores de logarítmicas banalidades, para encontrarnos con la verdad de nuestras limitaciones, entre los muros derruidos y enmusgados de un tiempo que se fue, el oído presto al eco del paisaje.

Catedrático de Hacienda Pública