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LUIS PÉREZ

Los mejores 40 años

06.12.2018 
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TAL día como hoy, hace 40 años, se iniciaba el periodo más brillante de la historia de España. Contrasta, además, con los 40 anteriores, con la longa noite de pedra, por lo que cuando el paso del tiempo permita hacer un análisis más objetivo, desde una visión más amplia que permite la distancia, la valoración sobre estas cuatro décadas, y el mérito de haberlo conseguido, se incrementarán sin duda. No hay obra perfecta, y probablemente se pudiera haber hecho una Constitución mejor, pero también peor, algo habitual en este país. Nunca anteriormente logramos situarnos como ahora entre las naciones más democráticas, libres y prósperas del planeta.

Quienes equiparan la España de hoy a la del franquismo lo hacen porque no lo vivieron, por ignorancia o con evidente mala fe y perversas intenciones. Si hasta para trabajar las mujeres necesitaban permiso del marido. Desde el 6 de diciembre de 1978 la Constitución sufrió un par de ataques de envergadura. El 23 de febrero de 1981, un intento de golpe de estado y el 1 de octubre de 2017, una insurrección institucional en Cataluña. El primero puede definirse como la última intentona golpista que caracterizó la historia de España de los siglos XIX y XX, incluida la del 36 que desembocó en una larga dictadura tras una despiadada guerra civil.

Los 40 años de Franco son historia, aunque algunos pretendan prolongarlos removiendo sus despojos. Los 40 años de democracia son presente, y futuro, aunque algunos, los mismos, intenten acabar con el sistema político actual, que tildan de régimen del 78, para llevarnos a un modelo indefinido, que ocultan, pero que estaría más cercano al vigente en Venezuela que al de Alemania, por poner dos ejemplos reales. O no, porque una vez alcanzado el poder, son los más aplicados alumnos de la austeridad sin complejos para compartirla con la extrema derecha. Véase Grecia a Italia, por poner otros dos ejemplos.

Después de 40 años convendría, sí, actualizar la Constitución. Algunos aspectos quedaron obsoletos y otros responden al contexto de una época. Sin embargo, no es posible. La fragmentación política, el desafío del soberanismo catalán y la frivolidad de Sánchez hacen inviable cualquier intento, por muy leve que sea el cambio a realizar. Es una pérdida de tiempo abordar esta cuestión.

El primer obstáculo para la reforma, Sánchez, es relativamente fácil y rápido de superar. Depende de él, pero en todo caso anunció que en meses convocaría elecciones. La división política va a durar bastante más, aunque si el PSOE se desvincula de Podemos y del independentismo, podría recuperar el sentido de estado y volver a estar en condiciones de abordar una reforma. Pero el principal escollo es el procés. Mientras dure el desafío al Estado, y cuente con los tontos útiles en el resto de España, no hay posibilidad alguna de abordar la reforma constitucional. Recordemos: en tiempos de tribulación, no hacer mudanza. Larga vida a la Constitución.

Periodista