El Correo Gallego

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LUIS PÉREZ

Una más de populismo

08.11.2018 
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EL anuncio de que a partir de ahora serán los bancos los obligados a pagar el impuesto de actos jurídicos documentados en las hipotecas reforzó la euforia de las entidades financieras en Bolsa desatada en la tarde del día anterior tras conocer la sentencia del Supremo. Supongo que por tres motivos. El primero, porque ya lo esperaban; el segundo, porque les permitirá incrementar los intereses, que a muy poco que sea, compensará sobradamente el importe del tributo, y tercero, por el lavado de imagen que les reportará, tan necesitada tras el desprestigio sufrido en la última década.

En casi todos los países europeos con este impuesto -en algunos, Alemania por ejemplo, no existe- lo sufragan los consumidores. Así lo determinó en España un Gobierno socialista, año 1995, al desarrollar una Ley Hipotecaria, en la que primaba la indefinición. También se lo adjudican al cliente los gobiernos nacionalistas de País Vasco y Navarra, que disponen de competencias normativas propias. Y en otras comunidades, caso de Aragón, PSOE y Podemos duplicaron el tipo impositivo a los prestatarios, o sea, a los compradores. Que ahora se rasguen las vestiduras por la última interpretación del Supremo huele demasiado a hipocresía.

Lo más sensato hubiera sido dejar momentáneamente las cosas como estaban. O sea, tal cual la última decisión de la Sala Tercera del Supremo, y abordar el asunto en frío, con un mínimo de tranquilidad. Durante 23 años el modelo funcionó sin chirriar. Pero hoy hay factores que impiden el abordaje de los asuntos con sosiego. Unos de fondo, como la debilidad de Sánchez, acosado por la derecha y el populismo, con unas elecciones en Andalucía donde el mensaje demagógico ¡qué paguen los bancos! cala hondo y al mismo tiempo sirve para desviar de la agenda política el asunto de los ERE o la dependencia socialista del independentismo catalán.

La propuesta de Casado de eliminar el impuesto también es apresurada. Realizada así, sin más, repercutiría en las haciendas de las comunidades autónomas, por ser tributo cedido. En algunas más que en otras a causa de la diferencia del tipo de gravamen. Galicia, con el 1,5 por ciento, el máximo, estaría entre las más perjudicadas. El asunto, por lo tanto, requeriría estudio y reflexión, pero no está el patio político español para actuar bajo parámetros sensatos. El populismo domina todos, o casi todos, los escenarios. Populista fue el fallo de la sección primera de la sala tercera del Supremo cuando, en contra de sus propias sentencias anteriores, cambió de golpe la jurisprudencia, con efectos perversos sobre la seguridad jurídica, al modo de las repúblicas bananeras. Y engañosa es la amenaza de Sánchez de que a partir de ahora el impuesto recaerá sobre los bancos. Ya vimos como lo celebraron en Bolsa. Qué risa.

Periodista