El Correo Gallego

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los reyes del mando

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Mañana será otro día

09.11.2019 
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MUCHOS quieren que desaparezca el día de reflexión, tal como hoy, que no existe en otros muchos lugares. Yo, en esto, coincido con Sánchez, que en una entrevista con Fortes dijo ayer que él no es partidario de eliminarlo. Reflexionar siempre está bien. Y sí, aquí estamos. No se sabe si hoy es más un día para pensar el voto o para desconectarse de la campaña. Es como un día de limpieza mental, en el que lo suyo sería ir a algún bosque a abrazar árboles, si no fuera porque está lloviendo. El frío empieza a ulular por las esquinas, ¿o era aullar'. Ahí están las primeras nieves y esas castañas magníficas. Ah, y las manzanas asadas de reineta. Todo eso, para mí son recuerdos de los días felices. Recuerdos que vuelven en días vacíos, como hoy, que es bueno rellenar de sensaciones. Reflexión y paciencia, amor y buena compañía. La gente, sin más, pide descanso. Pide una tregua.

No hay nada malo en días sin muchos titulares que llevarse a los telediarios. La campaña exprés ha terminado. ¿Exprés? Diría que no hemos dejado de estar en campaña desde hace meses, quizás desde hace años. La sensación es de completo agotamiento. Hoy los informativos mostrarán a los políticos en sus dominios, más en su casa que en su oficina, quizás en las calles, pero sin mítines. Estamos de nuevo donde solíamos, una especie de 'déjà vu', o lo que otros llaman un nuevo día de la marmota. Antes del vértigo de mañana, cuando las televisiones sean de nuevo un océano de cifras y de tantos por ciento, una marea de intenciones y de intentos, tantas veces baldíos, por parte de los adivinos, hoy en necesario separarse del mundo. Evitar cualquier forma de contaminación, alejarse de lo que no es la vida propia, envolverse de ese andar solitario entre la gente. Decisión y meditación, pero no desde el sufrimiento y la incertidumbre, ese regusto que, sin duda, nos ha dejado el final de la campaña. Pocas veces se ha respirado ese aire de preocupación. Pocas veces he visto esta atmósfera densa, extraña, como si la deriva del presente empezara a ser una hinchazón colectiva. Como si nos reconociéramos en las ojeras de los otros.

Sin embargo, el bloqueo político no ha de ser nuestro bloqueo. Son los candidatos los que deben trabajar por el consenso necesario y las fórmulas de acuerdo: no es una tarea que deba imponerse a los ciudadanos, que, simplemente, votan. Habrá, probablemente, un gran trabajo tras los resultados de mañana. No sé si todo ha de hacerse en 48 horas, como algunos anuncian, no sé si la aceleración es buena, no sé si no tenemos ya una dosis excesiva de urgencias y de alarmas en todos los órdenes de la vida. Por eso hoy es un buen día. La desconexión, el regreso a nuestra vida sin la hojarasca de los carteles. Sin los rostros que penden de las farolas, que pronto se confundirán con las hojas del otoño. Un día en el que quizás pensemos un instante en mañana, pero más en la felicidad, en defender la tranquilidad de la vida sin las batallas cotidianas de la política. Conviene no creerse a pies juntillas todo ese caudal de alarma con el que nos atiborran. Hoy es un día bonito, de calles y plazas, de cafés lentos. Y mañana será otro día.