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CHARABIA

MARÍA OFIR ABOY GARCÍA

La persistencia de la memoria

21.04.2019 
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La insistencia consiste básicamente en repetir una y otra vez lo que se dice o lo que se hace. Es machacar incesantemente el cerebro con algo que deambula una y otra vez por nuestro inconsciente, sin que sepamos o podamos hacer nada para evitarlo.

La perseverancia va más allá. Es el tiempo que tarda esa especie de pesadilla permanente en mantenerse firme y constante. De ahí que insistamos una y otra vez en aquello que únicamente perdura en nuestra memoria. Por mucho que intentemos salir del bucle casi nunca lo conseguimos.

Así es cómo lo que permanece inalterable se vuelve duradero a la vez y, cual reloj de Dalí, se desdibuja en nuestra realidad cotidiana haciendo ver a ojos de todos que lo eterno nunca muere.

¿Quién no ha sufrido al esforzarse por olvidar momentos vividos con dolor sin conseguir su propósito?

¿Quien no ha revivido una y otra vez en su mente los días de ilusión, vino y rosas para sentirse reconfortado?

La naturaleza del ser humano siempre se desliza por la cuerda floja al intentar lograr algo, superar algo, buscar algo, ir más allá de lo cotidiano. Resulta una sutil tendencia que se nos muestra a veces como ajena a nosotros mismos y por alguna razón misteriosa nos devuelve una y otra vez a idéntico pensamiento, sin saber explicar muy bien por qué. Así surgen las inevitables preguntas: ¿Continúo por ese camino? ¿Tomo el siguiente cruce? ¿Persisto o muero?

Cuando conciliamos el sueño semeja que dicha lucha permanece silente, pero no es raro despertar de un salto o tener ensoñaciones con lo que anhelamos, nos perturba o nos hace feliz. Esa revolución interna se manifiesta una y otra vez en la incesante búsqueda de qué hacer, cuál es el mejor camino que nos ilumine a decidir en una de las dos direcciones: seguir por la ruta emprendida u optar por dejarlo y abandonar por puro cansancio.

Al final, el tiempo y sólo el tiempo nos dirá si hemos puesto énfasis en algo que merecía la pena o no. Mientras eso ocurre, no queda otra que esperar y resistir. Eso sí, con muchas dosis de templanza y sin jamás perder la esperanza.

 // LICENCIADA EN DERECHO