El Correo Gallego

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CARTAS DEL TÍO SNACKER

MARQUÉS DE GURUGÚ

Recuerdos de mi amada y de su vil jardinero

20.05.2019 
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{lamentable infidelidad}

Torpe sobrino, he de confesarte mi desagrado por el programa cultural que quieren poner en marcha los diferentes candidatos a alcalde si ganan las elecciones. Supongo que a tu novia, perteneciente como es al gremio tatuado y perrofláutico, le encantarán algunas de las propuestas que desgranaron Noriega, Hernández, Bugallo y Sanmartín en el Ateneo, pero los aristócratas cultos seguimos echando en falta la celebración de un ciclo de arias prusianas, o de cantos bizantinos, o de melodías gregorianas, o incluso de habaneras, género que cada vez aprecio más. Has de saber, Damián, que antes de que tu dispersa tía se fugase con el pesado poeta hindú del que a veces te hablo, cuyo aspecto me recuerda al de un fakir inflado de ansiolíticos, le cantaba cada día, al pie de su ventana, la bonita pieza titulada El adiós del soldado. Lo malo es que, al contrario de lo que narra esta habanera, yo sí volví del campo de batalla, en realidad de tomar unos gin tonics en el casino, y me la encontré retozando sin decoro alguno con el jardinero de nuestra mansión, iniciando una demencial carrera de infidelidades que concluyeron con su marcha al Tal Majal y yo con una cornamenta que no se la salta ni Vicki el vickingo. Ruego mantengas estas confidencias que te hago en secreto para mantener el buen nombre de nuestra familia. Nobleza obliga.

 

{DESAYUNOS CON SUSHI}

Bien sabes, alelado Damián, que la mayoría de los columnistas de prensa me aburren soberanamente, sobre todo los denominados analistas políticos, pero todavía quedan algunos que sigo a diario con gran deleite junto a la chimenea mientras mi cocinera, la díscola Gladys, me prepara el desayuno a base de delicatessen que cada vez soporto menos. Yo, aunque aristócrata, soy adicto a las tostadas con mantequilla y miel y a los huevos a la plancha con bacon, pero ella se empeña en prepararme sushi, arroz hervido con semillas extrañas y otras especialidades asiáticas que poseen un incuestionable poso comunista. Te comentaba, sobrino, que los analistas políticos me suelen provocar sopor, aunque por fortuna cada mañana siempre hallo consuelo en las certeras reflexiones de mi viejo amigo Carlos Luis Rodríguez, posiblemente el columnista más sensato de toda la prensa gallega y nacional. Aunque eres vago e iletrado, supongo que te habrás enterado del merecidísimo premio que acaban de concederle sus colegas periodistas, precisamente el que lleva el nombre de José Luis Alvite, cuyas crónicas ácidas y oscuras cada vez echo más de menos al comprobar lo blanditos, sositos y previsibles que son la mayoría de los nuevos comunicadores. Deberían leer más a la pareja citada, y también las desternillantes crónicas sociales de la underground Carmen Rigalt o las simpáticas collejas en forma de tribuna que cada día arrea Luis Ventoso. Voy a telegrafiar de inmediato a Carlos Luis. Hace tiempo que me debe unos copazos de coñac Napoleón y me apetece hablar con él de Larra, de Camba y de todos los grandes que aún nos hacen pensar y sonreír en este aburrido y mediocre inicio de siglo.

{tierras altas de escocia}

De un tiempo a esta parte sigo con mucho interés, torpe Damián, las estadísticas meteorológicas que elabora mi buen amigo José Ángel Docobo en su despacho del Instituto Astronómico. Me gusta saber si alguna vez nevó en mayo y si algún febrero desnortado fue más seco que la mojama en nuestras lluviosas tierras del noroeste, asuntos que él controla mejor que nadie. He de telegrafiarle sin demora para que me haga una predicción fiable, ahora que llega el verano, para las próximas semanas, porque si el pronóstico es muy caluroso pienso largarme hasta octubre a algún paraje húmedo y gris, quizá las tierras altas de Escocia o alguna isla nórdica. De hecho, ya tengo mi carruaje de caballos listo para la partida y mis baúles de Vuitton cargados de bártulos imprescindibles, desde mi sable toledano a la escafandra que heredé de mi abuelo paterno. Te dejo, sobrino. Altas responsabilidades diplomáticas requieren mi atención.