El Correo Gallego

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RESEÑA MUSICAL

RAMÓN G. BALADO

La mezzo Iria Cuevas con el pianista Alejo Amoedo, en el “Año Gaos”

28.11.2018 
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Acto de presentación dedicado al compositor Andrés Gaos, con una recepción en el Aula  12, de la “Facultade de Xeografía e Historia”-19´30- antes del concierto que podremos seguir en el Paraninfo da Universidade, dedicado a las canciones de Andrés Gaos, de las que serán intérpretes la mezzo Iria Cuevas, acompañada por el pianista Alejo Amoedo. Irene obtuvo el Título Superior de Música, en la especialidad de canto, bajo la tutela de Teresa Novoa. Asistió a cursos de interpretación vocal impartidos por el maestro Miguel Zanetti, una de las autoridades en estas especialialidades, también con Jorge Robaina, Antón García Abril, Isabel Penagos- en los “Cursos U.I. de Música en Compostela”-, Daniella Pastorello o Thomas Busch, en Mantua. Fue premiada en 2011 con la “Mención de Honor”, en el concurso organizado por la “Consellería de Cultura e Educación da Xunta de Galicia”, en colaboración con la “Fundación Paideia”, que haría posible la grabación del registro “Mélodies”, con Alejo Amoedo.

Alejo Amoedo, uno de nuestros más dotados repertoristas, fue alumno de Jesús Fernández Yepes y Josefa Estarque, en las especialidades de piano y música de cámara, con las mejores calificaciones. Miguel Zanetti, contribuyo a forjar su carrera interpretativa, en el espacio de acompañamiento. Estrenó obras de nuestros compositores más representativos y para ejemplo, el triple cd “Antoloxía de Compositores Galegos”, en colaboración con el clarinetista Asterio Leiva, editado por “Ouvirmos”. Con el trompetista Rubén Simeó, realizó trabajos importantes “Virtuosismo barroco” y ”Trumpet Contemporary”. Otra de las aportaciones destacables del dúo, fue el concierto dedicado a Víctor Sainz Armesto, en su centenario.

Las obras elegidas para este homenaje, comenzarán con “La rosa” (la rose), sobre un poema de Hans C. Andersen, en la que hay una absoluta correspondencia entre el texto y el canto. Estamos ante una poesía propicia dentro del género afrancesado de la “mélodie”, muy a la par con las piezas de juventud. Podrán destacarse como recuerdo las versiones de Mª Teresa del Castillo, con Pablo Ferreño y la del tenor José Antonio Campo, con Severino Ortiz.  “Paix Suprême”, sobre un texto de Goethe, se define como un “romance pour chant et piano”, que encabezaba en su portada una dedicatoria a Camille Saint-Saëns. Para dar réplica musical al sereno poema de Goethe- como nos dice Julio Andrade Malde-, Gaos sitúa la vocalidad en el registro central de la cuerda. Ello hace que la obra resulte muy conveniente para voces medias. El piano, renuncia prácticamente a las octavas más elevadas y en cambio explota ampliamente las graves.

“Premiers Printemps”, fue publicada en la “Revista Musical” de Montevideo, con la canción “La Rose”. La característica del texto encuentra su lógica correspondencia con una música intimista y lírica, que expresa nobles sentimientos. El aire es moderado, con algunas indicaciones dinámicas escasas. El poema en sí mismo, es correcto tanto desde el punto de vista estructural como en el lenguaje utilizado. Estamos ante una composición primeriza, propia de un adolescente que manifiesta una sensibilidad sorprendente, en las proximidades de lo que para los consagrados al “Lied”, definen como “sehnsucht”.  “El Dadivoso”, es una pieza con texto del propio Gaos. Resulta una canción alegre y desenfadada, y en su música es interesante destacar el ritmo monótono y el carácter repetitivo de frases y temas.

“El canto del gallo”, es una canción que pretende dar la visión humorística de un aquelarre. El propio texto es bastante singular, siendo la propia música poco compleja. El piano no ofrece grandes dificultades, pero debe traducir las ingeniosas armonías., que dan un cierto sentido de malignidad, un poco sarcástico. “Pastoral”, sobre un poema propio, goza de una expresión sencilla. Consta de dos estrofas de seis versos cada una, pero de una distribución peculiar. “Las lavaderitas” es una canción infantil que como otras, quedó al margen de su catalogación.

“Rosa de abril”, una de las más divulgadas, es obra póstuma y se la aprecia por su delicadeza expresiva y por la sencillez estructural, que nos traslada a las primeras canciones. Su belleza, propició abundantes arreglos camerísticos, tanto para violín y piano como para chelo y piano; también hay una versión para piano a cuatro manos, de la que fueron artífices José Manuel Yáñez y Genaro Fernández.  La “Canción de primavera”, es más compleja en su línea de canto de lo que en un principio parece porque debe plegarse a la movilidad del metro y también debe responder a la tonalidad fluctuante.  “¡Ay,mi amor!”, resulta un aire de “Allegretto” de música graciosa con un ritmo siempre bien marcado, muy apropiado para el texto.