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apuntes

LUIS CARAMÉS VIÉITEZ

Para monarquía, la británica

17.07.2019 
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ELIZABETH ya ha batido el récord de permanencia en el trono, superando a la reina Victoria, plebiscitada la monarquía como símbolo de la nación. Porque desde la Revolución gloriosa, se trata de una institución con poder alegórico que no impone tributos, ni hace ni deshace leyes, ni se mete en asuntos del Parlamento. Una reina bajo tutela, que lo entiende muy bien. Y mientras, el príncipe Carlos, que todo lo escucha, filosofa, pasados los ardores de la transgresión.

Lilibet, como le llamaban sus padres, tiene sus cosas, además de palacios. Por ejemplo, y aunque vino al mundo un 21 de abril, celebra su cumpleaños en junio, que es mes más templado. Adora canes y caballos, limita las homilías que los religiosos de su iglesia le endilgan de vez en cuando, a 12 minutos, misma duración que se permite soportar si de discursos se trata. Todo muy razonable cuando se carga con el peso de la púrpura, en este caso y a veces, literalmente.

Sin embargo, los siglos han echado sobre sus nobles hombros responsabilidades inimaginables, si no se está a lo que hay que estar. Un solo ejemplo, que podría multiplicarse por mucho, serviría para atribularse, si uno -por un azar de sueño de hadas- se pusiese en el lugar de Su Majestad: el recuento anual de los cisnes del Támesis. ¡Qué incumbencia! Casi a mil años se remonta la tradición, que no sabemos si se extiende también a esturiones, ballenas, marsopas y delfines que, en un radio de 5 kilómetros alrededor de la costa, pertenecen igualmente a la Casa Real.

Pura modestia, porque realmente, y nunca mejor dicho, Elizabeth posee todos los cisnes blancos, mudos o vulgares del reino, viviendo en libertad, pero restringe de hecho su jurisdicción a algunos tramos del Támesis y sus afluentes. Por recato o por sentido práctico, atiende sólo a los que frecuentan las cercanías de Windsor y como está segura de que ser monarca no implica estar dotada de habilidades absolutas, delega en el Swan Master el bienestar de estas aves, siendo el primer mandamiento conocer su número. Así que en estos días, entre el 15 y el 19 de julio, andan con el conteo, comprobando también su estado de salud.

Tal ritual tiene sus réditos, por ejemplo, haber dado la voz de alarma sobre la contaminación del río, cuyas aguas sucias habían acabado en no muchos años con más de mil ejemplares. La reina de los 5.000 sombreros, en números redondos, quiere recuperar los mil cisnes. La realeza, alguna realeza, es así, preocupada como nadie por los seres vivos, pero la inglesa se lleva la palma. No nos celemos, en la Zarzuela habita Sara, labradora ella. ¿Habrá cisnes?

Real Academia Galega de

Ciencias. Grupo Colmeiro