El Correo Gallego

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LOS REYES DEL MANDO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Monólogo

20.07.2019 
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LOS que saben de esto dicen que hay una mezcla de mediocridad y de egos, falta altura de miras y un poco de humildad. Lo ignoro. Cada tiempo trae su política y ahora se lleva la confrontación y el qué hay de lo mío. En general, vemos gente sobrada que no acepta matices ni siquiera consejos, porque hoy todo el mundo viene aprendido y cree que la política se descubrió ayer, o como mucho anteayer. Habrán aumentado los índices de lectura, pero tampoco es que se note. Además de apalear el lenguaje, que cada vez sucede más, sobre todo en televisión, lo que pasa es que la peña suelta su discurso y no le importa el discurso del otro. Este es un tiempo de monólogos, y no sólo en el Club de la Comedia. Esos, al menos, molan.

Con tanto monólogo y tanto twitter el personal se lanza frases como si fueran flechas, creyendo que son los epigramas de Marcial, o las sentencias de Horacio. Trump, mismo, es un tuitero de pro, aunque también suelta frases en los mítines y por ahí, a ver si alguien recoge toda esa sintaxis de bisutería y mercadillo. En un mitin dijo que volveríamos a la Luna de un momento a otro, y luego a Marte, y en este plan. Vuelve la carrera espacial, creo, aunque tengamos el patio de casa hecho unos zorros, y peor que se puede poner. Alguien le ha dicho a Trump que hay que ir metiendo la carrera espacial en los titulares, porque no sólo se vive de las guerras comerciales y de las opiniones surrealistas sobre Europa (ahora viene Boris Johnson para entretenernos), o sobre cualquier cosa. Estamos de aniversario, y sale la llegada a la Luna por todas partes, con su aquel de nostalgia, y su memorabilia, objetos chachis de entonces, etcétera. En Robledo de Chavela están celebrando su participación en la movida, hay fotos y homenajes, y bien que me parece. Yo lo recuerdo todo entre la niebla, pero creo que era la niebla de la pantalla de la televisión. Trump nos quiere devolver al espacio después de hacer tanta política a ras de suelo.

Pero, en general, la Luna parece una disculpa: quizás sólo saliendo fuera, al espacio exterior, podemos aclararnos. Dentro del laberinto se respira mal. Javier Ruiz, en la Ser, dice todo el rato que España está saturada. Es una saturación que no sé yo si va a arreglarse con las vacaciones, porque hoy se vive de la tensión y de la saturación, mayormente por el horror al vacío. Ayer dicen que Iglesias renunció a ser ministro. O más bien a sus intenciones de serlo. Es tanto como si renunciamos cualquiera de nosotros, visto lo visto. Con semejante maremágnum de idas y venidas uno acaba teniendo la sensación de que el infantilismo aumenta por momentos. La fecha de la investidura se acerca inexorablemente y eso intensifica el lenguaje, las declaraciones, las entrevistas, los vídeos, los tuits, como si fuera obligatorio enterarse de la movida, como si tuviera que interesarnos. Todo es repetitivo e insulso, pero está en el meollo de la información de julio, habiendo tantas cosas de las que hablar. Por alguna razón no hablamos de lo que nos hace felices, sino de lo que nos rompe los nervios. Un misterio. Para rematar la jugada, mientras Pedro y Pablo discrepan, José María y Felipe parecen coincidir, tantos años después. Quizás son las cosas de la edad.