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LEÑA AL MONO, QUE ES DE GOMA

DEMETRIO PELÁEZ (*)

Mujeres de días lluviosos

14.10.2018 
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Ver grabaciones vintage resulta muchas veces sorprendente, más que nada porque las imágenes reales no concuerdan, a veces de una forma muy notoria, con las que pensabas encontrar. Eso ocurre con el reportaje grabado en Santiago a finales de los años 60 por el cineasta Claudio Guerín, en el que, a priori, no esperas más que darte de bruces con una serie de postales plúmbeas de la Catedral, de la rúa do Vilar cubierta por la niebla y de A Quintana bañada por el sonido de alguna gaita. O sea, el típico documental coñazo, plano y con voces en off que tanto se estilaban en aquella época (conste que TVE sigue haciendo cosas muy parecidas cincuenta años después...)

Pero no. Sorprendentemente, el vídeo de Guerín es otra cosa y en él Compostela, aunque gris y lluviosa, aparece retratada como una ciudad dinámica, juvenil y plagada de universitarios que en absoluto parecen sacados del Pleistoceno. De hecho, llama mucho la atención que prácticamente todos lucen un look que incluso hoy parece modernito y casual, como dirían los entendidos en la materia. En suma, nada rancio, paletorro, puritano, beatón, provinciano -en el sentido peyorativo del término- o vulgar se aprecia en los gestos, la actitud o la indumentaria de los estudiantes que aparecen en este film de 1967, pese a que entonces no había, ni de lejos, la inmensa oferta de tiendas que cualquier veinteañero de hoy se encuentra nada más salir de casa.

Se nota que el cineasta quiso -y logró- desmarcarse de la línea oficialista, y el resultado es que en su reportaje no hay apenas rastro de la posverdad que con tanto énfasis nos quieren vender no pocos gurús de la España gris, según la cual las chicas de entonces, recatadas y modositas al límite, parecían monjitas recién salidas del convento y los chicos apenas se movían del aburrido estilo contable.

Afirman los expertos que Claudio era un gran admirador de la llamada Escuela Británica y realmente sus imágenes, modernas y brumosas, destilan un aroma muy similar al que transmitían sus colegas más avanzados desde el mismo corazón de Carnaby Street durante la eclosión de los mod, aquellos chicos descuidadamente elegantes que viajaban en scotters atiborrados de retrovisores y se daban de leches con los burdos rockers en las playas de Brighton. ¿Quién no recuerda a Sting hecho un figurín sobre su Vespa de cófanos resplandeciente y surcada por mil espejos cromados? ¿Y quién puede olvidar a aquellas chicas languidas de flequillos desafiantes y abrigos jaspeados o arrugadas parkas?

 (*) EL AUTOR ES PERIODISTA 

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