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tribuna libre

TORCUATO LABELLA

Otra vuelta de tuerca: Otegui en TVE

02.07.2019 
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ARTHUR Koestler, refiere en sus memorias, que en 1938, poco antes de abandonar el partido comunista, asistió en Paris a una reunión de periodistas, escritores e intelectuales del partido, en la que se trató sobre un tema específico: escribir la verdad.

Según palabras del propio escritor los asistentes coincidían en que "gracias a nuestro adiestramiento en las acrobacias dialécticas, ni siquiera fue difícil demostrar que toda verdad estaba históricamente condicionada por la lucha de clases, que la llamada verdad objetiva era un mito burgués y que escribir la verdad significaba seleccionar y enfatizar aquellos puntos y aspectos de una situación determinada que sirvieran a la revolución proletaria y que por tanto, eran históricamente correctos". Según dice Koestler esta fue la gota de agua que colmó el vaso para convencerlo a dejar el partido.

Por lo tanto, según los intelectuales comunistas, la verdad objetiva, aunque se sea consciente de ella, no hay que considerarla válida si no conviene. Hay que presentar los hechos por medio de la dialéctica marxista como la única y genuina verdad que sea importante para los intereses de la revolución proletaria.

Ese método lo sigue en la actualidad como dogma determinada izquierda, incluyendo al PSOE. Naturalmente cambiando hoy, por ejemplo, el término burgués por "la derecha", lucha de clases por "lucha feminista" y revolución proletaria por "intereses personales".

Ejemplo de esto es la memoria histórica, por medio de la cual se presentan los hechos incompletos o de manera sesgada "seleccionando y enfatizando aquellos puntos y aspectos de una situación determinada", como presentar en TVE la violación y posterior asesinato de unas monjas a manos de milicianos del Frente Popular, como una simple desaparición. O considerar los inicuos actos terroristas de la ETA como hechos del pasado que hay que olvidar, mientras que Franco, el franquismo y la Guerra Civil son temas de plena actualidad.

Merece la pena analizar el llamado blanqueamiento de la banda terrorista ETA. Comenzó hace ya muchos años cuando algunos políticos, después de un atentado con víctimas mortales perpetrado por la banda terrorista, condenaban cínicamente con cara compungida la violencia "venga de donde venga".

Mas tarde se hizo hincapié en el sufrimiento de las víctimas de "ambos lados", equiparando la ilegítima violencia terrorista con la legítima que ejerce el Estado para defenderse a sí mismo y a los ciudadanos, o igualando a la víctima, a la que cobardemente le descerrajan un tiro en la nuca, con el terrorista que muere en un enfrentamiento con las fuerzas del orden, o que lo despanzurra la torpe manipulación de la bomba que iba a colocar.

Sánchez, llegó al poder después de desalojar a Rajoy por medio de una moción de censura ayudado por los secesionistas catalanes y vascos. Convocó y ganó las elecciones, lo que le confirmó en que la sociedad española está lo bastante sedada como para poder llegar a acuerdos de gobierno en Navarra con los separatistas vascos, tanto pro PNV como de esa izquierda que no abjura del terrorismo etarra y del cual proviene, sin que le pase factura.

Y la guinda del pastel, aún sabiendo la repugnancia que iba a producir en la sociedad española, ha sido darle audiencia en la TVE a Otegui -ese hombre de paz, según Zapatero-, sujeto condenado por haber pertenecido a la banda, que por medio del terrorismo pretendió romper la unidad de España. Son conscientes en el PSOE de la repugnancia que esto produce, pero a la vez están seguros de que no les va restar votos porque la sedación a la que está sometida la mente de la mayoría de la izquierda española hace que trague por eso y por mucho más.

Sánchez, lo mismo que Zapatero, de alguna manera comprende las ansias separatistas de algunos vascos y catalanes, porque el ideal al que aspiran, como la mayoría de los dirigentes del PSOE, es a la organización republicana federal o confederal del Estado, dándole una vuelta de tuerca más al Estado autonómico y que siendo este tipo de Estado mas cercano a la disgregación nacional, va a apaciguar a los separatistas. Vana ilusión.

Digo esto sólo de los dirigentes del PSOE, porque la mayoría de los que lo votan no tienen ni idea de lo que es un Estado unitario, federal o confederal, puesto que no se han molestado en saberlo, ni tampoco en las consecuencias futuras personales y nacionales que traería este cambio.

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