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El Correo Gallego

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A BORDO

CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

Partidos planeta y partidos satélite

20.09.2019 
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LA quiebra del bipartidismo puede dar lugar a escenarios muy diferentes. Lo que se ve con más frecuencia en Europa es la desintegración de los partidos tradicionales o su reducción a mero vestigio. Poco queda en la vecina Francia del Partido Socialista o del gaullismo y sólo los arqueólogos pueden dar cuenta del viejo socialismo italiano o aquella democracia cristiana que se eternizó en el poder gracias a políticos como el sinuoso Andreotti. En el panteón de las siglas hay una ingente cantidad de formaciones que desaparecieron arrasadas por un tsunami, para dejar en su lugar grupos diversos y de identidad bastante confusa que no encajan exactamente en el clásico eje izquierda-derecha.

Tras varios años con su bipartidismo renqueante, España ofrece un panorama original porque el dúo solista PSOE-PP ha pasado a la historia, sin que los partidos hayan pasado a mejor vida. Al contrario. No hay dúo pero socialistas y populares son los principales protagonistas de cualquier combinación, sólo que ahora tienen partidos que orbitan a su alrededor como satélites. Habría por lo tanto partidos-planetas y partidos-satélites. En ocasiones la órbita es más cercana y otras el satélite se aleja un poco pero es fácil concluir que tanto Rivera como Iglesias son eso que en ciclismo se llama 'gregario', es decir, un complemento, un ayudante que permite completar mayorías.

Ya, es verdad que Unidas Podemos se ha negado a cumplir ese papel aunque eso admite matices. En primer lugar en casi todas las autonomías y ayuntamientos donde su concurso ha sido necesario, colaboró o no obstaculizó gobiernos socialistas, cumpliendo a rajatabla el papel de satélite. En el centro del ruedo político es cierto que los morados resisten la presión para dar sus votos en ofrenda a Sánchez, pero la gran pregunta es si podrán abandonar en el futuro su función de izquierda meramente complementaria. Pueden hacerlo pagando el precio de desaparecer como le sucedió al venerable Partido Comunista de la transición. O satélite o nada.

Ciudadanos y Podemos nacen con vocación de derruir a los partidos caducos, succionarles sus apoyos electorales y convertirse en la nueva versión de PP y PSOE. Por un momento pareció que era posible. Incluso se produjo alguna fuga de populares y socialistas destacados que saltaron el muro para engrosar las filas de las nuevas formaciones, en lo que parecía el inicio de un éxodo masivo que no se produjo. PP y PSOE resisten mientras que sus antagonistas se agrietan, obligando a los líderes a purgar sin contemplaciones a los herejes. Los nuevos no sólo son más inconsistentes que los viejos, sino que soportan mucho peor el pluralismo interno y tienen un culto a la personalidad del líder mucho más acentuado.

Total que Rivera también pierde sus expectativas de ser un new PP y entra en su órbita, cumpliendo en la España autonómica y municipal idéntica función de mucama que Iglesias con el PSOE. Entre las cosas que el viento se llevó está la pretensión de ambos de ser diestros y no subalternos. Ambos ofician de Mammy que sólo puede atender solícita a su señorita Escarlata.

Periodista