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VA DE CIENCIA

PILAR BERMEJO

Calidad del aire y salud

18.06.2019 
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ES un hecho conocido por todos que la calidad del aire afecta a la salud. Podemos ver con frecuencia en las noticias cómo la contaminación del aire empeora el estado de las personas con problemas respiratorios. En realidad, esto es solo una pequeña parte de los efectos nocivos de una mala calidad del aire sobre nuestra salud. Hace un par de semanas salieron a la luz dos rigurosos estudios científicos que se titulan: La contaminación del aire puede afectar a la memoria de los niños y Relación entre la contaminación del aire y las enfermedades infecciosas.

En el primero de ellos, se hace mención a un estudio realizado en Inglaterra, en animales de laboratorio expuestos a un ambiente con un alto nivel de partículas PM2,5. Estas partículas provienen mayoritariamente de la combustión de combustibles fósiles y el número 2,5 quiere decir que el tamaño de las partículas es de menos de 2,5 micras. Un tamaño tan pequeño hace que, después de inhalarlas, puedan pasar al torrente sanguíneo y de ahí a todos los órganos y tejidos.

En animales de laboratorio se observó que producían inflamación del cerebro, por eso saltaron todas las alarmas y se empezó a estudiar sus efectos en el hombre. En Barcelona -ciudad donde se superan frecuentemente los niveles máximos recomendados por la OMS de 10 microgramos de partículas por metro cúbico de aire- se realizó un estudio en una población de 2.000 niños con edades comprendidas entre 7 y 10 años. Basándose en los datos oficiales de la calidad del aire de la ciudad, se calculó que durante los siete primeros años de vida los niños habían estado expuestos a una media anual de 16,8 microgramos de PM2,5 por metro cúbico de aire. A lo largo de varios años se sometió a los pequeños a tests para evaluar su capacidad de memoria y se observó que había disminuido de forma considerable.

Los resultados son muy simila- res a los encontrados en otro estu-dio mayor, desarrollado en China, sobre una población adulta de 20.000 personas. En ambos estu-dios queda abierta la hipótesis de que puede ser debido a una inflamación del cerebro.

En el otro trabajo, sobre la relación entre contaminación del aire y enfermedades infecciosas, se concluyó que los contaminantes ambientales pueden interaccionar con los patógenos hasta el punto de cambiar la respuesta de las personas y de la vida salvaje a las enfermedades infecciosas. A día de hoy parece que está clara la interacción con el sistema inmune, tanto en animales de laboratorio como en el hombre. En algunos casos, los contaminantes disminuyen la eficacia de las vacunas, mientras en otros pueden aumentar la virulencia de los patógenos, haciéndolos, por ejemplo, más resistentes a los antibióticos.

Para avanzar en estas investigaciones hace falta desarrollar trabajos más interdisciplinares entre todos los sectores implicados en el ámbito de la salud y en el medio ambiente.

Académica de la RAGC