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crónica personal

PILAR CERNUDA

Maldita Manada

29.11.2017 
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HASTA el ser más abyecto tiene derecho a un defensor, pero independientemente de lo que decida el tribunal que juzga a los integrantes del grupo que se hace llamar La Manada –sentencia que habrá que acatar aunque provoque náusea en uno o en otro lado, según– algunos de los argumentos esgrimidos por los abogados de los imputados provoca ira y deseos incontenibles de gritar, por el empeño en presentar a la presunta violada como una joven desvergonzada, provocativa, insensible, que buscaba “guerra” y ha convertido en víctimas a cinco hombres a los que ha roto la vida.

La idea de que una joven desinhibida puede ser tratada como una zorra no es infrecuente. Incluso ha habido sentencias que han causado espanto, con jueces que consideraban inductoras de violaciones a chicas con faldas excesivamente cortas o escotes excesivamente pronunciados. Las declaraciones del abogado defensor de uno de los miembros de La Manada insistiendo en que la víctima no había ofrecido resistencia ni dado muestras de sentir “asco, dolor y sufrimiento” demuestra hasta qué punto puede un profesional tergiversar los hechos para salvar a su cliente. Como si una joven de 18 años, rodeada por cinco hombres medio desnudos y con la agresividad en el rostro y en los gestos, pudiera hacer algo más que resignarse a la pesadilla que estaba por llegar... ¿Tenía posibilidad de defenderse, de liarse a puñetazos sin correr el riesgo de que además de la agresión sexual pudiera recibir golpes de irreparables consecuencias?

Denuncian los abogados defensores, y los familiares de los encausados, que han sufrido un juicio paralelo. Sí, es cierto. Ha habido y hay un juicio paralelo, el de millones de personas indignadas con la presunta violación pero sobre todo indignadas porque se haya intentado presentar a la víctima como culpable. Poniendo el acento en su actitud, transmitiendo la idea de que había acudido a las fiestas de San Fermín buscando una agresión como la que sufrió a manos de La Manada. Una joven vilipendiada en las redes sociales, con personas que se sumaron a su campaña de desprestigio distribuyendo a diestro y siniestro los videos que, tendenciosamente interpretados, la presentaban como una buscona. Sin admitir que incluso las busconas tienen el derecho a plantarse y decir no. Aunque no parece que la víctima de La Manada pueda ser considerada una mujer encantada con la experiencia, como lo demuestran los testimonios de todos los que la vieron hundida, destrozada, herida y devastada tras la agresión a la que fue sometida.

Cinco hombres. Cinco, que la acorralaron en un portal y la humillaron y agredieron de forma salvaje. Un tribunal decidirá si fue o no violación pero, aunque habrá que acatar la sentencia, son multitud los mujeres y hombres que saben muy bien qué es una violación y por qué una mujer opta por cerrar los ojos y callar cuando ya no puede hacer nada para defenderse.

Periodista