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villa y corte

JOSÉ RAMÓN ÓNEGA

Políticos de abrasiva fe

09.12.2018 
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Los políticos disfrutan en las elecciones pero sufren cantiduvi en el poder. Ahí está la nómina oficial andaluza padeciendo los efectos electorales de la reciente consulta. Todos, más o menos, andan sumidos en una severa bulimia sentimental cuando no belicosa y fratricida. La mayoría camina como si estuviera poseída por una enfermedad rara que les incapacita para seguir sobreviviendo. Y ocurre que la política es novia que se va con el primero que llega. Ya decía Tierno Galván, en frase que he repetido alguna vez, que "en política se está en contacto con la mugre y hay que lavarse para no oler mal". En Andalucía esto está pasando después del combate cruento que supusieron las elecciones. Los políticos no se conforman con políticas de listas y urnas sino que conciben los resultados electorales como argumento de verjas y trincheras. Ahí está Pablo Iglesias, de Podemos, soltando denuestos contra los que no le votaron y maldiciendo a los que no honran a Marx en el paisaje bucólico de olivos y playas.

Dice elCantar del Mío Cid, que "Castilla face los homes e los gasta", y pasa lo mismo en los partidos políticos que gastan a sus mejores huestes pero de tanto usarlas, las matan o enferman. Los políticos son casi siempre los mismos sea porque los que están en el machito no lo dejan, o porque los que aspiran a sentarse en la poltrona, usan todos los trucos para perpetuarse en el poder. La mayoría levantan muros que los aíslan de la sociedad creando historias de engaño, falsa amistad y bohemia. Si la política mayor consiste en ser virtuoso, como dijo Voltaire, la política saca también a flote lo peor del ser humano, como expresó Vargas Llosa. Todos, o casi todos, son protagonistas de una abrasiva conducta que no les permite vivir sin amarrarse a la poltrona. La mayoría tiene una abrasiva e inconfesable vocación: tender en tierra al enemigo y rematarle con frenesí. Unas veces le cuelgan del roble de su jardín y otras, le encierran en la azotea de su castillo. Muchos otros sacan a los enemigos y contrarios a la calle, para que les lapiden las masas, o les cuelgan de Internet con latidos de venganza.

Creo que tengo citado por aquí a Paris Hilton que dijo: "Toda chica que se precie debería tener al menos tres animales: un tigre en la cama, un jaguar en el garaje y un borrico para que pague las facturas". Ya se sabe: frikis deslenguados hay muchos y en política muchos más, que es campo abonado para excesos y exabruptos. Dicen que esta es una democracia sectaria que abarca paisajes de abuso y fronteras de intoxicación tanto en la forma de hacer política como en la manera de aplicarla. Están ahora tirándole piedras al jefe de Vox, que es capitalista y decidido, al que apoyan figuras de la tauromaquia, y no se atreven, o se atreven menos, con Pablo Coletas que nos retrotrae al régimen soviético causante de terremotos sociales y políticos mundiales. PP y Ciudadanos pugnan por presidir el Gobierno andaluz y Pedro Sánchez y Susana Díaz libran hostilidades por el resultado electoral adverso. Algunos barones socialistas atribuyen la derrota electoral a la relación con los independentistas.

Todo esto tiene gracia, aunque sea triste y peligroso. Como afirmó André Suarès, "la sensatez consiste en no responder a las preguntas; la habilidad en no dejar que las hagan". Muchos políticos son poetas de viva y abrasiva fe en el futuro, pero la práctica les desborda y vence. En realidad son azotes para la fe democrática que sólo creen en los votos, o dicen que creen. Son azotes para la moral y castigo para el bien común. Por conseguir un escaño o una poltrona son capaces de vender su alma al diablo. Ejercen varias maternidades y parentescos. Son frikis deslenguados, padres putativos y asalariados de oficio. Muchos, acomplejados y cosméticos, en realidad lo que sueñan es tener un cerebro en alerta perpetua para detectar los votos y mayorías que les permita gobernar. O sea, mandar.

SegúnSpengler, un pelotón de soldados acabará salvando a la civilización occidental. O perderla. Si así fuese, del fangal de la política son responsables aquellos políticos que lo único que saben es vocear en las Cámaras, gritar en las azoteas y mentir en los mítines. Su obsesión es convertir la política en campo de minas que estallarán al amanecer, sin importales el pueblo al que sólo usan para aplaudir y llenar las urnas. Mientras, los hambrientos de paz y trabajo, se preguntan, como en la Roma de Tácito, "qué hago yo aquí si no sé mentir". Muchos de los que ejercen estas políticas sólo ven listas y urnas, votos y coaliciones. Otros, a la sombra de un chiringuito, escuchan música chi­llout, mientras suenan canciones tristes sin cicatrizar. La droga inunda paisajes de juventud amplia y el paro exhibe voces sociales, espectro cada vez más extenso. Cayucos rápidos y potentes surcan el mar del Sur portando hachís y marihuana, que en realidad son las canciones tristes del paro. Un funcionario dirigía la gran red de narcos que operaba en el Estrecho. Jopé. Políticos hay que peroran consignas, ignoran las necesidades de las clases bajas y construyen fantasías acallando besos que no deberían salir de las casas proletarias que sueñan pan y cobijo. Hay pánico entre los barones socialistas y Rosa Díaz se va o no se va porque tiene que irse. Saben que el futuro será otro y que la política cambiará de manos. Entretanto, dijo Don Felipe que la Constitución "es un mandato permanente de concordia". Todos aplaudieron menos Podemos. O sea.