El Correo Gallego

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a son de mar

JUAN SALGADO

Poner todo el corazón en lo que se ama

13.08.2018 
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PÁGINAS adelante se encontrará el lector con la luctuosa noticia del repentino fallecimiento de Jesús Trillo, que fuera durante muchos años corresponsal de este periódico para la amplia y siempre desasistida comarca de Costa da Morte. Y hoy, al dar cuenta de la noticia que nunca se querría haber conocido, la del compañero y amigo perdido, es obligado rendir tributo de reconocimiento a una trayectoria que tanto en lo profesional como en lo personal se sustanció siempre desde una probada entereza y firme convicción de poner todo el empeño, todo el saber, todo el corazón en la tarea encomendada, en aquello que se ama.

Y Jesús Trillo, en lo profesional y como consecuencia de una más trascendente convicción que acaso venía en sus genes, amó por encima de todo a la tierra que le vio nacer y a sus gentes, la comarca que abarca esa amplia zona a la que las repetidas tragedias del mar bautizaron con el aciago nombre de lo irremediable, y a unas gentes animosas frente a la adversidad, dispuestas siempre a ganar mundos o a conquistarlos.

Por eso intentó, y logró, que cuantos hacíamos el periódico aprendiéramos a amar a ese importante trozo de la Galicia más sufrida y valiente, la que se levantó tantas veces de madrugada para socorrer a los náufragos, la que se empapó en cuerpo y alma del pichi del Prestige, pero también la que desafió los más bravos mares en busca de la riqueza que la tierra le negaba, la que supo rentabilizar desde lo industrial esa misma regalía marina y la que, en fin, sabía y podía presumir de paisaje y paisanaje, de fines del mundo irrepetibles y piedras abalando esperanzas. Todas esas vertientes de la misma y singular Costa da Morte cabían en el ánimo y en los elaborados reportajes con que Jesús Trillo fue haciendo patria, presumiendo de tierra y de paisanos.

En la gaveta personal de los recuerdos de este cronista quedará imborrable esa repetida insistencia de un periodista reclamando más espacio para contar las cosas de su Costa da Morte, deseos no siempre fáciles de corresponder por las exigencias de un espacio reducido y una información desbordante.Pero era tanta la pasión, tanto el empecinamiento en la exigencia, tanta la convicción en lo justo de su reclamación, que muchas veces supo llevarse el agua de la información al molino de sus convicciones informativas. Por eso en esa otra gaveta de la marinería, la que acerca el rancho a la tripulación, iba también repetidamente el emocionado reportaje de un hombre que se sentía marinero en la mar.

Hoy, la noticia de su fallecimiento lleva a recordar al amigo en vivencias que pertenecen al exclusivo ámbito de lo personal y que allí deben quedarse, pero también al buen periodista, en el mejor sentido profesional que demandaba Kapuscinski al quererlos buenas personas, y Trillo, sin duda, lo fue. Y a diferencia del reconocido colega polaco, Jesús Trillo no necesitó de Herodoto para entender que para conocernos a nosotros debemos conocer a los otros. A esa tarea dedicó su trabajo y su vida, en la que puso todo su corazón. Descanse en paz en esa tierra que tanto amó y tanto nos enseñó a querer.

jsalgado@telefonica.net