El Correo Gallego

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Leña al mono, que es de goma

DEMETRIO PELÁEZ

'Progres' que impulsan la censura

11.11.2018 
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Ufff, estos pablistas del sector mareante resultan cada vez más agotadores. Terriblemente pesados y cansinos. Su principal problema es que creen haber alcanzado la perfección -se consideran, de hecho, los únicos guays del universo- y no se cortan ni un pelo en mirar con desdén, paternalismo, mofa o superioridad a todos cuantos les rodean, que corren graves riesgos de caer en posturas dictatoriales si ellos no les meten en vereda con su particular estilo "didáctico", su lenguaje "inclusivo" y su manual de progres irreprochables.

De igual forma, su afán por adoctrinar a la población desde la infancia, que es la base de todo fascismo, es enfermiza, pero por alguna extraña razón jamás se dan por aludidos cuando alguien les reprocha esa actitud. Alegan que dichas críticas proceden de la "ultraderecha" más reaccionaria, sin legitimidad moral ni para abrir la boca, y se acabó la discusión.

Esa neura adoctrinadora ha llegado ya a extremos verdaderamente ridículos en Santiago, donde el alcalde y su concejala de Deporte e Mocidade, Noa Morales, se acaban de sacar de la manga la creación, con los impuestos que aportamos todos los ciudadanos, de un sonrojante tingladillo que tendrá por misión controlar a los medios de comunicación que no comulgan con su particular y peculiar visión de la realidad. Todo ello con el objetivo de aleccionar a dichas empresas y lograr, a través de la presión ejercida por grupos supuestamente vinculados a la universidad, que entren en el redil de la plasta izquierda de postureo, insobornable e intachable... hasta que un casoplón con piscinorri se les cruza por el camino.

El trabajo que contó con el aplauso del grupo de gobierno municipal, y que se materializará gracias a la parvada esa de los presupuestos participativos, parte de un planteamiento tan radical, sectario y falso que produce hilaridad, pero da igual, porque sus autores carecen de vergüenza alguna. Dice textualmente así: "Os medios de comunicación, a través dos seus contidos, estigmatizan, marxinan e criminalizan a individuos e colectivos da cidade e do rural (mulleres, migrantes, persoas con diversidade funcional, mozos/as...), sen ter en conta moitas veces os seus dereitos, instalando prexuízos nas comunidades e graves diferencias nas relacións e na convivencia que se desenvolven na cidade". A lo que añade que "a mocidade compostelá, un dos grupos vulnerables, convértese nesta experiencia nun axente fundamental que, dende a comprensión da vulnerabilidade doutros colectivos da cidade e do rural, articula un diálogo participativo xunto con eles, partindo da lectura crítica dos contidos mediáticos. O propósito é activar novas interpretacións que equilibren as realidades que constrúen os medios..."

O sea, que las empresas periodísticas -todas ellas, según los lumbreras que redactaron semejante bazofia- no respetan ni a las personas individuales ni a las distintas asociaciones que funcionan en Compostela, ni siquiera a quienes viven alejados del núcleo urbano, por lo que se hace necesario la intervención de los superdotados, justos y equilibrados ideólogos afines a Compostela Aberta para corregir tan preocupante situación.

¿En qué se basan los nuevos guardianes de la justicia social y la ética periodística para asegurar tales imbecilidades de una forma tan tajante? En nada. Lo dicen ellos, que sí respetan a todo el mundo, y se acabó la historia. Para eso son de izquierdas, neoprogres y yupiguays.

Pero el asunto no queda ahí, porque los mareantes censores mantenidos con nuestros impuestos afirman también que es necesario ejercer un "control social" sobre los medios para "evitar la violación de los derechos de los grupos de la ciudad". Si semejante paparrochada la llega a decir cualquier otro partido político, sobre todo de centro o derecha, aquí se hubiese montado, con razón, la de dios es cristo, pero los podemitas utilizan el dinero público para crear organismos fascistoides y aquí no pasa nada. Ni siquiera los líderes de la oposición, que parecen estar más apampanados que la marmota Phil durante el largo invierno, han salido a la palestra para poner a parir semejante engendro y denunciar la vuelta a los peores años de la censura periodística.

Lo que no explican los guardianes del pensamiento único podemita es cómo piensan ejercer ese "control social" sobre los medios. ¿Movilizarán a la mocidade oprimida para acosar a los profesionales de la comunicación del sector reaccionario? ¿Sacarán a la calle a las asociaciones estigmatizadas y criminalizadas por los periodistas malotes con el fin de denunciar sus excesos? Solo ellos lo saben, pero mientras perfilan su método de acción bien podrían ir desarrollando nuevas ideas basadas en la misma línea. Instaurar, por ejemplo, la censura previa mediante la creación de comités de mozos e mozas progresistas que den el visto bueno, como ocurrió en España hasta 1966, a las informaciones antes de ser publicadas o retransmitidas. Así se evitarán tener que realizar el "control social" posterior al que aluden en su documento.

De nada, chavalotes. Es un placer ayudar a almas tan demócratas, limpias y nobles como las vuestras.