El Correo Gallego

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ABEL VEIGA

De pronto, la universidad

16.09.2018 
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PARECE que, de pronto, como si hubiésemos envuelto todo en un manto de silencio y oscurantismo, todas las culpas son de la universidad, sus males endémicos, también endogámicos. Las plazas a dedo, las familias departamentales, la escasa relevancia de la investigación, la poca innovación metodo- lógica y un larguísimo etcétera. Hace unos días este mismo periódico en portada hacía referencia a la absentismo de los catedráticos, más o menos constante, y en un tanto por ciento alarmante, de la docta universidad y el revuelo que se levantó fue grande.

¿Se ha abierto la universidad al mundo, a la sociedad del siglo XXI? Lo han hecho sus claustros de facultades, sus profesores, sus accesos a titularidades y cátedras o seguimos por el contrario rehenes de viejas formas?

El viernes el profesor Salcines acertaba en un artículo valiente sobre su radiografía de la universidad. El dedo en la llaga y la denuncia de como se ha cambiado en las últimas décadas, pero donde el provincianismo de la mente de algunos ha evitado una unviersidad internacionalizada y, sobre todo, con prestigio. Este es el talón de Aquiles, medir y conforme a qué, el prestigio.

Bajan revueltas las aguas del mundo universitario y lo hacen por el escándolo de la titulitis, la vaciedad de la exigencia y el rigor, los másteres y ahora las tesis doctorales. Y lo hacen desde que la clase política, como antes hizo con las cajas de ahorro, posó sus garras y los jerifantes de algunas instituciones no tuvieron escrúpulo alguno en hacer el juego. En medio, poder, influencias, nepotismo, y muchas otras cosas que es mejor ni imaginarnos.

Por el camino más y más daño a la institución universitaria, pero sobre todo, a los alumnos que con esfuerzo, rigor, sacrificio, entusiasmo e ilusión sacaban sus estudios y trataban de formarse. Vinieron los listillos de turno, los aprovechados de apellido político, los caraduras que son capaces sin disimulo de arrostrarnos que no hicieron nada malo o solo lo que les pidieron sabiendo que eran unos auténticos aprovechados sin escrúpulo ni moral. Es lo que hay en ese escaparate político en que han convertido, desgraciadamente, la pasarela política algunos.

Y ahora se aprovecha para tirar a matar en el mundo de las tesis doctorales. Siempre he dicho que una tesis doctoral, si es que tiene algún sentido, lo debe a quién haga su carrera académica en la universidad, fuera de ahí, no tiene sentido que alguien escriba una tesis doctoral. Más allá de las motivaciones y finalidades que cada uno tenga, las cosas como son. Y tribunales de afines siempre los ha habido y el miedo a miembros de tribunal con prestigio, obra publicada, rigor y solvencia. No juguemos a la demagogia.

Profesor universitario