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CARTAS ASOMBRADAS

CAETANO DÍAZ

El pueblo, ¡ay!, contra la democracia

14.10.2018 
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A Pablo Iglesias Turrión, secretario general de Podemos // Si ha leído usted los ensayos de Steven Levitsky y Daniel Ziblat (Cómo mueren las democracias, en Ariel) y de Yascha Mounk (El pueblo contra la democracia, en Paidós), que seguro que sí, sabrá ya que los populismos son la marabunta que está devorando las entrañas de nuestro actual modelo de libertades y de convivencia. Sabrá, don Pablo, que las democracias no sucumben ahora bajo las botas de militares golpistas con los fusiles calados, sino en las urnas, vampirizadas por los votos de ciudadanos hastiados del estancamiento de sus economías familiares desde hace tres décadas, y hostiles hacia inmigrantes a los que, miopes, culpan de su pobreza.

Sabrá, en fin, que el sistema no sabe a estas alturas cómo frenar la sangría de prestigio que arrastra, agravada por la debilidad de los medios de comunicación -incapaces de contener la avalancha de odios extremos y de noticias falsas-, esos que crearon y alimentaron un espacio de valores hoy minado por trolls y odiadores agazapados en la impunidad de las cibercavernas.

Algo muy peligroso y escalofriante se está cocinando en el planeta cuando menos de un tercio de los millenials estadounidenses considera muy importante vivir en democracia, y cuando uno de cada cuatro cree simple y llanamente que es, ¡ay!, una pésima forma de gobierno.

Son las redes sociales, señor Iglesias, las que han calcinado el necesario espacio de debate público, las que han multiplicado hasta la locura el tráfico de fake news, las que atacan nuestras libertades y nuestra convivencia con su incansable e inmisericorde ejército de robots.

Todo esto se lo digo porque en la deriva de Podemos aparecen tics populistas salpimentando la entronización de la controvertida ciberdemocracia de las redes. Se lo digo porque gobierna usted el universo podemita con el libreto del líder fuerte -discúlpeme el eufemismo- que aplica su hoja de ruta manu militari, y que no soporta voces críticas.

Lo vemos en Galicia, por ejemplo, donde mudó las reglas de juego de un proceso de primarias que tiene todos los ingredientes para movilizar a los militantes. ¿Por qué, don Pablo? Sospechan en el sector crítico que desde la cúpula estatal se maniobra para restar fuerza a Carolina Bescansa, en el hipotético caso de que triunfe sobre Antón Gómez-Reino, el candidato oficialista.

Quizás sí, quizás no. En cualquier caso, sucumbir a la tentación de convertir al adversario en un enemigo que debe ser destruido sin contemplaciones, por tierra, mar y aire, nos empuja, señor Iglesias, al abismo de un mundo distópico en el que el pueblo se revuelve contra la democracia. Y la entierra sin funerales. Siga con salud.

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