El Correo Gallego

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RAMÓN BALTAR

Se reporten, coño

08.11.2019 
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LA sentencia del siglo fue recibida con duros reproches incluso de figuras del mundo del fútbol que no ocultan sus preferencias políticas. Los de Pep Guardiola y Xavi Hernández han molestado particularmente a algunos de la canalla política que no se ha recatado de atacarlos.

Mueve la descalificación un prejuicio elitista insostenible: dar por probado que los deportistas profesionales son gente que gastan mucho músculo y poca mollera, por lo que sus opiniones no son para tomar en cuenta. Pero la cosa está más clara que lomo de albacora: el trato con el balón no impide ejercer el derecho constitucional a pensar sin pedir permiso a la autoridad competente y publicar el resultado. Y punto pelota.

Gusten o no sus ideas sobre la república, es lo cierto que sus personas merecen respeto, lo que implica eliminar de la respuesta el tipo de argumento que dicen ad hominem (en este caso se podría tildar de juego tobillero). Al que recurrió la señora Arrimadas, tratando de descalificar a Xavi con la acusación que larga mucho contra España y calla del régimen autoritario del país donde ejerce la profesión de entrenador.

Varias objeciones hacen inaceptable esta salida de madre. Una es que los políticos están para mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos, solo para eso; otra, que no figura entre las obligaciones de los representantes entrar a discutir las decisiones legítimas de los representados, y otra más, que la razón si alguna tuviere el replicante queda anulada por el insulto. Les desprestigia dar la impresión de que no saben que su herramienta de trabajo es la palabra.

Episodios como este evocan el juicio emitido en su día por el famoso estadista italiano Giulio Andreotti sobre la política española. Se quedó corto: a la falta de finura hay que sumar la demasía de los malos modales.

Profesor titular de Latín