El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Opinión » Firmas

RESEÑA MUSICAL

RAMÓN G. BALADO

"Curso Airas Nunes", en exteriores

12.07.2019 
A- A+

El “Aula de Cámara Airas Nunes”, que ofrecerá junto a las actividades docentes tres conciertos en el Paraninfo da Universidade, se apunta al mismo tiempo a otras dos ofrecidas la tarde del jueves en dos lugares distintos, pero manteniendo la idea de hacer participativos a los aficionados que están siguiendo sus iniciativas y a los compostelanos en general. Una de ellas, la que cubrieron el “Rhea Quartet”, en el café Airas Nunes, ofreciendo el “Cuarteto para saxofones” de Alexander Glazunov. Una formación que ya es conocida en nuestra tierra por haber colaborado en otros cursos especializados. El “Rhea Quartet”, está formado por Pablo Fernández-saxo soprano-, Iris Guzmán-saxo alto-; Julia Segovia-saxo tenor- y Jaime Augusto, con saxo barítono. Grupo que tienen en común los años compartidos en el Centro Katerina Gurska y concretamente con el profesor Pedro Pablo Cámara en Villanueva de Alcardete. Otros maestros con los que guardan una afinidad regular, fueron Jena Marie Londeix, Marcus Weiss, Cibrán Sierra, Andrés Gomis, Xavier Gagnepain o Rita Wagner.

El ruso Alexander Glazunov, puede resultar más familiar por las obras orquestales o, en el ámbito camerístico, por los cuartetos de cuerda, pero a cierta distancia, aparecen las piezas para clarinete; una marcha para trompeta y clarinete; las “Invenciones”, para flauta y clarinete o el “menuet”, para clarinete y fagot. No desmerecía la obra elegida por el cuarteto de saxos para recrear un ambiente estimulante para el relax de la media tarde, una composición ya tardía, ese “Cuarteto en Si b M. Op. 109”, que en principio había sido dedicado al “Cuarteto de Saxofones de la Guardia Republicana”, pero que acabaría ampliándose en concierto para saxofón, con un estreno parisino tres años después, y con éxito notable por su dedicatario Sigurd Roschèr, quien se encargó del estreno, convirtiéndolo desde entonces en obra de repertorio para el instrumento. Otra fue la versión para dúo de saxo y piano, en laque la palabra final será de André Periot. La original para cuarteto de saxofones, cumple con creces en propuesta de talante más abierto como la ofrecida, beneficiada por el resolutivo empaste de los cuatro solistas.

Una segunda actividad les llevó al Café Casino con la actuación del Dúo Rovno”, con sonatas para violín y piano de Edvard Grieg, el noruego que cuidó en especial este género en dúo y que actualmente se la valora por las canciones de inspiración folklórica. Las dos sonatas en cartel resultan un reflejo del ánimo que embargaba al músico y eso se traduciría en cada uno de los tiempos. Un nuevo caso de obras tardías, en las que el autor vierte las confidencias más íntimas. Un excelente argumento para continuar esa apuesta por mostrarse cara al público, con obras en las que cada uno de los movimientos, es reflejo de las actitudes del compositor que tuvo una trayectoria perfectamente definida desde los estudios realizados con Richard Nordraak, cuyo resultado será el descubrimiento del repertorio folklórico tradicional, que aflorará en los detalles más simples de las sonatas para dúo, con apuntes hacia despliegues rapsódicos.

El primer concierto, puso en atriles piano a cuatro manos, abordado por Arash Rokni y Julia Polinskaja, partiendo de un entrante breve con la transcripción de Gyorgy Kurtág, del coral para órgano de J.S. Bach, “Aus tiefer Not schrei ich zu die BWV 687”, uno de los acostumbrados ejercicios de imaginación como el que mostraría con el preludio “Lamm Gottes unschulding BWV 618”. Kurtag, en esta muestra de reconocimiento, había sido alumno directo de Bela Bartok y compañero de G. Ligeti, y también un maestro que creará escuela en la “Ac. Ferenc Liszt”, de Budapest, con la que el “Curso Airas Nunes” tiene constatables afinidades a través del profesorado. Del magisterio de Kurtag, salieron András Schiff y Zoltan Kocsis. Mayúsculo el reto del Stravinski con “La Consagración de la Primavera”, en este tratamiento para teclado a cuatro manos. Una evidencia de exigencias en el control metronómico y de actitud para cada uno de los dos intérpretes. Es verdad que pesa sobremanera la pujanza de la versión orquestal, de la que la “OSG” con Slobodeniouk realizó una interpretación sobrecogedora, pero no menos la dancística coreografiada por Massine. En las memorias a medias con Robert Craft, Igor Stravinski decía haber revisado extensamente “La Consagración”, en tres ocasiones: el revival con Diaghilev; otra segunda, tutelada por él mismo, en Amsterdam y una tercera en 1943, para un concierto que no llegó a celebrarse.

Mayor concentración la mostrada por el chelista Antonio Gervilla Díaz- chelo- y Alba Herraiz Tirado-piano-, por las dos obras elegidas que reclamaban un mayor intimismo. El Beethoven de las “Variaciones para chelo y piano sobre un tema de La flauta Mágica” ( Bei Männern welche liebe fühlen”, modalidad a la que era aficionado por la cantidad que nos dejó, no solo sobre Mozart, sino también sobre temas originales, himnos y obras de Salieri. Brahms en su absoluta dimensión, gracias a la “Sonata para chelo y piano en Mi m. Op. 38”, en tres tiempos, equilibrada en la lectura de esta pareja, obra que en la opinión del estudioso Geiringer, el violonchelo es tratado con seguridad , poniendo de relieve su sonoridad y demostrando la experiencia que el autor había adquirido con el instrumento solista.