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reseña musical

RAMÓN G. BALADO

"Obras para piano de compositores galegos", en el Paraninfo / "Novos solistas" con la "RFG", en el Auditorio

03.07.2019 
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Presentación en el Paraninfo da Universidade-20´00 h.-, en la que el grupo “Organistrum” de la “USC”, que dirige Carlos Villanueva Abelairas y Javier Garbayo, darán a conocer la publicación de la colección dedicada a “Obras para piano de compositores galegos”, auspiciada por el Ministerio de Cultura, y que selecciona diez obras de compositores del XIX y de la primera mitad del XX, con intención divulgativa para profesionales y aficionados. Para el acto, se contará con Francisco Durán, decano de la Facultade de Xeografía e Historia; Juan Monterroso, director del Departamento de Historia Moderna; Montserrat Capelán, coordinadora de la publicación y Laura Touriñán y Joám Trillo, responsables de las transcripciones. Para completar el acto, se ofrecerá un breve concierto a cargo de los pianistas y musicólogos Nelly Iglesias y Alejo Amoedo, que interpretarán el “Preludio en Re m.”, de E. Rodríguez Losada y “Un recuerdo” y “Romance”, de José Baldomír.

El Auditorio de Galicia-20´30 h.-, acoge la clausura del “IX Festival de Peregrinos Musicais”, con el protagonismo de siete intérpretes elegidos, a los que acompañará la “RFG”, dirigida por Maximino Zumalave, culminación para las actividades desarrolladas a lo largo de una semana, en las que destacaron las masterclasses, y las dos visitas a Sanxenxo-“Auditorio Emilia Pardo Bazán” y al “Concello de Nigrán”-. Además de los jóvenes talentos, se reservaron fechas para cuatro conciertos de especiales características: el dedicado a Manuel Quiroga, con Andreu Riera y J.M. Álvarez Losada; el del propio Riera con la chelista Amparo Lacruz, con sonatas de Beethoven, Brahms y Chopin; el de las profesoras Aglaya Shuplyakova y la organizadora Ilona Timchenko, en el Hostal de los RR.CC, con un entretenido programa y el del pianista ganador del “XI Premio F. Liszt”, Alexander Ullmann.

Luís López Jorge, violín, y Marta Rodríguez Otero, viola, comenzarán con el primer movimiento de la “Sinfonía concertante en Mi b M. K. 364”, obra de los años de Salzburgo, cuando el autor contaba con 23 años. Ese primer movimiento, destaca por el tema que concede a los oboes una gracia llena de sorpresas. No queda constancia de una ejecución en vida del compositor, como tampoco en sus escritos. Sobresale en su conjunto por la calidad de la unidad de los tres movimientos y por la vitalidad que despliega la orquesta. Para fiables estudiosos, la obra queda como la última palabra en el espacio de este género, representando la unión de las distintas herencias musicales recibidas de la época.

La arpista Efrosinia Shuplyakova, procedente de Rusia, nos descubrirá un compositor casi olvidado, Marcel Granjany (1891-1976), a través de su obra “Aria en estilo clásico”, composición de 1951 y aunque francés, mantendrá la doble nacionalidad americana, por los años compartidos entre ambos países. Había sido alumno en París de Henriette Renie y en el Conservatorio de esa capital, de Alphonse Hasselmans. Tuvo un período importante como músico en la “Orchestre des Concerts Lamoreux” y se relacionó con músicos como G.Pierné, A.Cortot, W. Damrosch, G. Szell, Fritz Reiner o Sergei Koussevitsky. Entre 1921/6, fue responsable del Departamento de Arpa de la Escuela de Verano, de Fontainebleau . Ya en los E.U. a partir de 1936, ocupó plaza en la “Juilliard School” neoyorquina y en la “Manhattan School of Music”. Tuvo como alumnos a Nancy Allen, Eileen Malone, Anne Adams, Catherine Gottthoffer y Kathleen Bride.

También rusa es el clarinetista Erik Mirzoyan, que tendrá de nuevo a Bela Kovacs, reverenciado en la actualidad por el rol que ocupa entre los devotos del instrumento, precisamente por las curiosidades imaginativas en honor de los grandes maestros, desde los Bartok o Kodaly, a nuestro Manuel de Falla. Escucharemos “Sholem-alekhem rov Friedman!”. Kovacs tuvo la iniciativa de ser miembro cofundador del ”Budapest Chamber Ensemble” y en el año 1964, fue merecedor del “Liszt Price”. El apartado fundamental de sus registro discográficos, se reparten entre la histórica “Hungarofon” y “Naxos”, que tantos autores e intérpretes contribuye a divulgar. Había sido fundamental su labor en la “Academia Liszt”.

El pianista canadiense Elijah Orlenko, también tendrá un Mozart por el “Concierto para piano nº 23, en La M. K. 488”, del que elige dos de sus movimientos, el segundo y el tercero, obra de la etapa vienesa y cuando el autor frisaba la treintena, mientras se regodeaba con la ópera “Las Bodas de fígaro”. Los conciertos para el teclado, encarnan en gran medida la permanente aspiración de a sentirse próximo a la vocalidad instrumental, cargada de significados expresivos. Mila tendrá una consideración que viene al caso: “¿Cómo olvidar en este concierto en La Mayor, la patética y desnuda belleza del “Andante”, sencillo pero muy expresivo, con sombríos y sollozados arpegios, que le hacen pensar en Chopin?

El violinista ruso Artur Krischian, en una página que le coge de cerca, la “Danza rusa”, de el ballet “El lago de los cisnes”, de P.I.Tchaikovski, codiciado por los míticos bailarines y coreógrafos, que todavía, en la actualidad, pretenden sentar cátedra. Recordaremos las primigenias de Marius Petipa y Lev Ivanov, con decorados de Botcharov y Levogt, para el estreno en versión completa el 15 de enero de 1895, en el templo por excelencia, el Teatro Mariinski, de San Petersburgo, con míticas figuras: G. Cecchetti, Pierina Legnani, Gerdt, Gilbert, Oblakov y Bulgakov. Las suites llegarán al final, como caídas del cielo.

Tonio Comesaña Pintos, se quedará con el “Concierto para clarinete, orquesta de cuerda, arpa y piano””, de Aaron Copland, obra que goza de general aceptación desde el estreno en Nueva York, en 1950, con el encumbrado Benny Goodman, para quien lo había escrito. No faltan los imprescindibles guiños al mejor “swing”, en reconocimiento y deuda de ese intérprete que hizo historia y cuya magia llega hasta al presente, representando el espíritu de una época. Diez minutos que condensan a lo grande la sensibilidad de un momento y una oportunidad para el lucimiento del clarinetista. Pura frescura y ligereza, sin supeditarse a posibles tópicos.