El Correo Gallego

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reseña musical

RAMÓN G. BALADO

El "Requiem en Do m.", de L. Cherubini, por la "OSG" y su Coro

16.05.2019 
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Víctor Pablo Pérez, que tan buenas impresiones ha dejado en la “OSG” durante sus años como titular, además de las frecuentes visitas de temporada, un obligado cumplido que cuenta con el entusiasmo de los aficionados, vuelve a la que fue su casa para dirigir a su estimada formación en el Palacio de la Ópera de A Coruña- mañana a las 20´30 h.-, para ofrecernos la “Sinfonía nº 4, en Re m. Op. 120” y el “Requiem en Do m. (à la mémoire de Louis XVI)”, de Luigi Cherubini. Schumann con la “Sinfonía nº 4, en Re m. Op. 120”, a efectos reales la segunda pero al final situada con tal numeración por fecha de catálogo, queda un tanto a la sombra de la “Renana”, la “Tercera en Mi b M. Op. 97”, a consecuencia del trato recibido por la posteridad. En los aspectos estructurales y armónicos, gana enteros por la resolución del trabajo realizado y modelo de reflexión y madurez. Obra compuesta en 1841, esperará a 1851, para tener la definitiva revisión. Partía del título original de “Fantasía sinfónica” para el estreno anunciado en diciembre de aquel año en Leipzig y con las pretensiones de superar los rigores estilísticos del cuadro sinfónico.

Un desarrollo sin solución de continuidad entre la serie de temas que se entremezclan a lo largo de la obra. Aspecto que nos traslada a la personalidad del compositor y que descubrimos también en inestable biografía marcada por conocidos condicionantes. Las directrices que marcan esta sinfonía, se confirmarán en el estreno de la revisión que se escuchó en Düsseldorf en 1853. La “Introducción- Allegro”, consigue mostrar los argumentos más subyugantes en la conclusión de talante triunfal. La “Romanza”, no podía ser menos que una delicada melodía, a sabiendas de las virtudes de nuestro compositor en este género en el que era consumado virtuoso- algo permanece del espíritu del “lied”- y el paso inmediato hacia el “scherzo”, observa cierta solemnidad antes del “Finale”, en forma de sonata libre, que ayuda ostensiblemente a dar un sentido de circularidad en una sinfonía que claramente se enmarca dentro de esos parámetros.

La música coral de la época de Cherubini, supuso una nueva forma de religiosidad civil, que se plasmaría dentro del concepto de fiesta. Junto a Gossec y Étienne- Nicholas Méhul, la Francia republicana y popular de las “fêtes”, había encumbrado a Cherubini al grado más alto de consideración social, aupada por su valoración como compositor oficial de la época revolucionaria, cuya intención tomó el autor directamente de C.W. Gluck, con la necesaria traslación de estéticas. Cherubini, había sido hombre de escena gracias al éxito de sus óperas, con títulos de relumbrón que partían de “Demophoon”, “Elisa”, “Faniska”, “Les Abencérrages” y, evidentemente, “Médée”. Renunciará al final a esta carrera de oropeles, para entregarse a la música sacra, en la que la estimación, se mantendrá en grado similar, siendo apreciado en la extensión de tan dilatada carrera por Beethoven, R. Schumann, Brahms y hasta por el mismísimo Richard Wagner.

El ”Requiem en Do m. (à la mémoire de Louis XVI)”, nació con un encargo de Louis XVIII, en 1816, que desde dos años antes, ocupaba el cargo de superintendente de su capilla, y pretendía ser un homenaje a su hermano Louis XVI. Se escuchó por vez primera en Saint-Denis, el 21 de enero de 1817, con motivo del aniversario de la ejecución de Louis XVI, logrando con esta obra una de las cumbres de sus obras sacras, a la altura del “Requiem en Re m. (para voces de hombres con acompañamiento de gran orquesta y piano)” o la también conmemorativa “Misa en La M. (Tercera Solemne)”, dedicada a Carlos X. Asunto de restauraciones monárquicas que no dejarán de arrastrar las insalvables polémicas históricas. También Viena conocerá este “Requiem”, en 1819 y Leipzig, al año siguiente. Reconocimientos vendrán procedentes de los maestros por excelencia, y entre ellos, L. v. Beethoven- recordemos la “Missa Solemnis”-, o los citados Schumann y Brahms, llegando a trasladar su influencia a Verdi- “Requiem”-, y Berlioz. Una obra que consiguió mantenerse en repertorio en el ámbito de la cultura francesa, llegando a situarlo a la altura del universal “Requiem” incompleto de W.A. Mozart, que Cherubini había dirigió en primera ejecución en París, en 1804, aceptando en principio que ambas obras tienen proporciones parecidas, aunque Cherubini renuncia a las partes de solista, limitándose al coro mixto a cuatro voces, una orquesta nutrida y efectos abundantes de metal y percusiones