El Correo Gallego

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reseña musical

RAMÓN G. BALADO

Simon Trpceski: “Concierto para piano y orquesta en Re m.” de Rachmaninov

15.03.2019 
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Concierto de la “OSG” en el Palacio de la Ópera de A Coruña- 20´30 h.-, que repetirá mañana- 20´00 h.-, bajo la dirección de José Trigueros y contando con el moravo Simon Trpceski como solista para el ”Concierto para piano y orquesta nº 3, en Re m.” de S. Rachmaninov, del que también se escuchará la “Isla de los muertos Op. 29”, completando con el Richard Strauss de “las alegres travesuras de Till Eulenspiegel Op. 28”. Trigueros, percusionista de la”OSG”, dejó ya buenas impresiones en esta faceta, de la que tuvo experiencias con orquestas nacionales, desde las de Valencia, Navarra, Granada o del Vallés, además de la “JONDE”. Probó también con la “Tonnhalle O. Zurich”, en donde tuvo como maestro a David Zinman, compartiendo masterclasses, Fue Primer Premio del “Primer Concurso de Dirección Ciudad de Córdoba” y del de la “OSG”, presidido por Dima Slobodeniouk.

Simon Trpceski, se formó en las Universidades San Cirilo y San Metodio con Boris Romanov y su presentación la hizo en el “Wigmore Hall”, en 2001. Desde entonces, participó como solista con importantes directores, primando sus colaboraciones con orquestas escandinavas, desde la de Estocolmo, a la de Bergen, la de Gotemburgo y la de Helsinki. También, en esa serie, nos encontramos con orquestas inglesas, como la “London S.O.”, la “City of Birmingham O.“ o la “Royal Liverpool O.”. Entre los trabajos discográficos, destacan la integral de los conciertos de Rachmaninov, con la “Paganini Rhapsodie”, con V. Petrenko y la “Royal P.O.”, en dos entregas, merecedores de un “Diapason d´Or”, o el llevado a cabo con la firma “EMI”, con obras de S. Prokofiev, A. Scriabin e Igor Stravinski.

S. Rachmaninov acapara en gran medida la sesión de la jornada. “El Concierto nº 3, en Re m. Op.30”, que el autor dio a conocer a finales de 1909, en Nueva York, con Walter Damrosch a la batuta, obra de considerables proporciones y que fue compuesto en el período del poema sinfónico “La isla de los muertos Op. 29”, estrenado por él unos meses antes, en Moscú y que recurre en su ideario a la plástica del pintor suizo Arnold Böklin, siempre enmarcado por un profundo sentimiento pesimista. En sí mismo, no recurre a ninguna pretensión programática, pero definitivamente, conocería una revisión hacia 1930.

Harold C. Schonberg, recordará al autor como alumno de la escuela de Nikolai Zverev, en donde tendrá como compañero a A. Scriabin, un maestro de brutales exigencias sin posible reposo. En el “Conservatorio de Moscú”, pasará por la docencia de Alexander Siloti, recibiendo clases de contrapunto con Taneiev y de Arensky. Prolífico en su aspecto creativo, recibió con todo críticas de rechazo. Una de ellas es la actitud recibida por el “Grove´s Dictionary of Musics and Musicians”: Como pianista, Rachmaninov fue uno de los mejores artistas de su tiempo; como compositor mal puede decirse que haya pertenecido en absoluto a su tiempo, y a su país perteneció en el sentido de que hizo solo lo que hicieron los compositores contemporáneos como Glazunov y Arensky. No tuvo ni las características nacionales de la escuela de Balarikev ni la individualidad de Taneiev o Medtner. Desde el punto de vista técnico fue un hombre sumamente dotado, pero también severamente limitado. Su música está bien construida y es eficaz, pero se caracteriza por la monotonía de la textura, que consiste, esencialmente en melodías artificiales y efusivas, acompañadas por una diversidad de figuras derivadas de los arpegios.

Siempre en esta línea, Harold C. Schonberg, ampliará: El enorme éxito popular de unas pocas obras de Rachmaninov en vida del compositor, probablemente no durará, y los músicos nunca miraron con buenos ojos este hecho. El “Concierto nº 3, para piano, en Re m.”, en general gustó al público a causa de su notable semejanza con el “Segundo, en Do m. Op. 18”, y el “Cuarto, en Sol m. Op. 40”, que intentó algo parecido a un camino distinto, fue un fracaso. Admirado hasta la desmesura y puesto en solfa al mismo tiempo, fue ese pianista que se presentaba con una actitud digna y severa, tocando con un mínimo de movimientos físicos, e inclinado sobre el teclado. De sus dedos brotaba un tono indescriptible, cálido pese al empleo prudente de los pedales, una ejecución que llegaba a todos los lugares de la sala, y que podía incluir infinitas modulaciones. Muchos aceptarían que la ejecución de Rachmaninov resultaba un tanto puritana.

Richard Strauss en las “Alegres travesuras de Till Eulenspiegel, Op. 28”, guiño de grotescas divagaciones sobre un peculiar personaje, en uno de los poemas sinfónicos más atractivos, que redunda en beneficio del género en el que fue maestro incuestionable, desde “Aus Italien, Op. 16”, hasta “Don Juan. Op. 20” o el tan baqueteado “Also spracht Zarathustra, Op. 30”. Aquí hay un ejemplo de su dominio en la riqueza de timbres y colores, para que el bueno del protagonista se suelte a sus anchas, entre bromas y burlas, hasta el fatídico desenlace, que le condenará al inevitable castigo, con la condena en la horca, descrita por el solo de flauta, en un trino claudicante.