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LUIS PÉREZ

A Raxoi, con el ‘procès’ de fondo

09.12.2018 
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Si el Centro de Investigaciones Sociológicas funcionara como es debido –vana esperanza– en el trabajo poselectoral que acostumbra a realizar tras cada cita con las urnas, los resultados del trabajo deberían dar luz a lo acontecido en Andalucía. Al perder este CIS tezano toda credibilidad hemos de basarnos en el sentido común para tratar de dar con las causas de la estrepitosa pérdida del poder de los socialistas, de la caída generalizada de la izquierda, así como de la poderosa irrupción de VOX en el campo de juego de la política española. No sorprende ni la bajada del PP, era esperada y resulta además dulcificada por la más que probable asunción del poder, ni la ascensión de Ciudadanos, eso sí, con una incuestionable potencia.

Del análisis de los políticos tampoco hemos de fiarnos. Ponen el filtro del cristal de su color, aunque me quedaría con la apreciación de Susana Díaz sobre la influencia del procès en el castigo a los socialistas. Lo hace para defenderse ante los burdos intentos purgantes de Sánchez y su cuadrilla de Ferraz, pero acierta en el diagnóstico: la causa principal del descalabro de la izquierda fue la entente del PSOE y Podemos con el independentismo catalán a cambio del apoyo a la moción de censura. Si Rajoy continuara hoy de presidente es bien probable que Díaz resistiría y que Vox no subiría al podio.

La pérdida del poder en Andalucía es un mazazo tremendo para el PSOE. A ello se une la práctica desaparición del otrora potente socialismo catalán. El PSC perdió muchos votos en las últimas elecciones y ahora también protagonismo. Las únicas relaciones que funcionan son las del presidente con Torra. La finalidad del Consejo de Ministros en Barcelona es anunciar una lluvia de millones para Cataluña con la pretensión de que no aprieten demasiado.

Las próximas elecciones –locales, autonómicas y europeas– serán también en clave catalana. Como lo fueron las andaluzas. Y es natural, porque las consecuencias de una potencial independencia del Cataluña tendría repercusiones muy negativas para todos. Para los compostelanos, para los gallegos y para el conjunto de los españoles, cuyo nivel económico se reduciría drásticamente. Este fue el acierto de la derecha y el error de la izquierda en Andalucía. La rebelión, sedición o desobediencia –ya dirán los tribunales en que queda– de las instituciones catalanas es el reto sobrevenido más importante al que nos enfrentamos. Paro, sanidad, educación, medioambiente, digitalización, etc, son problemas conocidos, de dimensión mundial, que han de abordarse globalmente; el de Cataluña nos toca a los españoles.

¿Quién ha catapultado a Vox? Echarse en cara la responsabilidad del éxito del partido de derecha extrema –califiquémosle así igual que a Podemos o En Marea hay que adjetivar de izquierda extrema– no conduce a nada útil para obtener conclusiones. El fenómeno de la irrupción de los movimientos populistas de derechas se da en casi toda Europa y resto del mundo, pero aquí era irrelevante. Comenzó a despuntar con la aparición de los populismos de izquierda durante la crisis y se disparó con la llegada de Sánchez al poder gracias a los independentistas catalanes.

Las elecciones de mayo desprenderán un fuerte aroma catalán. La influencia del procès llegará a todas partes, máxime en esta ocasión en que se votará simultáneamente para las europeas. Los compostelanos no solo decidirán el gobierno municipal en función de las fochancas, la limpieza de las calles, la iluminación navideña, el tráfico, la depuradora, el plan del casco viejo, los sintecho, los pisos turísticos o las peleas dentro de En Marea. Esta vez también valorarán si a Santiago, capital de Galicia, le conviene la independencia de Cataluña. Por suerte o por desgracia.