El Correo Gallego

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LUIS POUSA

El robo de empleos

03.01.2017 
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EN al menos tres países (Finlandia, Holanda y Estados Unidos) se pondrán en marcha este año pequeñas experiencias piloto sobre la renta básica universal. Una alternativa a estudiar ante los retos que plantea la escasez creciente de puestos de trabajo en los humanos debido al proceso de automatización y mecanización creciente de muchas actividades.
Un estudio reciente de la Universidad de Oxford calcula que el 57 por ciento de los empleos humanos están en riesgo de desaparecer al ser sustituidos por robots y otros mecanismos. Cuestión que fue tratada en el Foro de Davos en 2016, donde también se abordó el análisis de la irrupción de la inteligencia artificial en algunos negocios y los cambios que ello provoca en la cadena de valor y en la redefinición de los puestos de trabajo. Por cierto, para quienes estén interesados en estas cuestiones puede resultarle interesante el libro de Pedro Domingos The master algo­rithm (Londres, 2015), todavía no traducido al español, en el que, sin alarmismos innecesarios, se sugieren respuestas a preguntas como: ¿Nos robarán los puestos de trabajo los robots?, ¿puede un robot sustituir a un director?, ¿debemos preocuparnos por el futuro de la especie humana?
Lo hasta aquí expuesto reclama la necesidad de interpretaciones más finas e incisivas a la hora de evaluar problemas como el de la deslocalización de empresas y actividades en favor de aquellos territorios que ofrecen suelo a precios de saldo y salarios e impuestos muy bajos con el objetivo de atraer inversión y empleo: un caso próximo lo tenemos en el norte de Portugal, que está atrayendo empresas del sector de la automoción de Vigo y su área metropolitana.
Es probable que este tipo de ofertas devengan en fracaso a medio y largo plazo para el oferente, toda vez que el proceso de sustitución de personas por máquinas será imparable. Con lo cual, esas empresas conseguirán hacerse con una base física y financiación muy baratas sin que la comunidad de acogida garantice a cambio los deseados puestos de trabajo. Sucede, además, que en la mayoría de las ocasiones esas empresas generan externalidades negativas: costes que correrán a cargo de los anfitriones y sus recursos naturales.
Desde esta perspectiva, quienes así actúen agravarán su situación de dependencia frente a quienes, a través del conocimiento y la información, garanticen un elevado grado de autonomía y centralidad en la creación de valor añadido y empleo inducido.
Periodista