El Correo Gallego

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RESEÑA MUSICAL

RAMÓN G. BALADO

Rosalía Gómez Lasheras en la "Escola Berenguela"

24.11.2018 
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Concierto en la “Escola Berenguela” a cargo de la pianista Rosalía Gómez Lasheras-mañana, 19´00h.-, en el que interpretará piezas de “Preludes” de Claude Debussy, nuestra pianista que ya nos ofreció sesiones a lo largo de estos años como las del “Paraninfo da Universidade”, en un variado programa, desde J.S. Bach a Mozart, Scriabin o Shostakovich, Albéniz y Brahms, y el ciclo “Unha vida de emocións en 32 sonatas”, la integral beethoveniana, que ella abrió con Javier López Jorge, en cuatro de esas sonatas. Sus estudios de “Bachelor Degrée”, en el “Utrecht Conservatory”, con Alan Weiss fue un primer paso, después de seguir el magisterio de Alexander Gold. También un master de interpretación en el “Royal College of Music” de Londres, con Andrew Ball o del período de Suiza, donde cursó un “Master in Perfomance” , en la “Musik Akademie Basel”, con Claudio Martínez Mehner. Los asesoramientos de maestros como Menahem Pressler, Galina Egyarzarova, D. Bashkirov, Andras Schiff o Elisabeth Leonskaia, aportaron un eslabón enriquecedor en su trayectoria. Fue invitada en eventos como el “Int.Summer Academy Mozarteum”, “Schleswig-Holstein Music Fest.”, o la “Fundación V. Spivakov”. En 2012, se trasladó a Budapest, para ampliar estudios de postgrado con András Kemenes, Marta Gulyas y Rita Wagner.

Dos son los libros de “Préludes” de Debussy que se diferencian claramente de los de Chopin, ya que los del polaco-francés son penetrantes obritas que reflejan estados de ánimo, instantáneas psicológicas y los de Debussy resultan evocaciones destinadas a crear una atmósfera, un estado de sensibilidad, de receptividad propicia para la recepción del oyente, por el tema escogido o los paisajes y personajes. “Les danseuses de Delphes”, es una lenta zarabanda de rebuscadas armonías y anclada en la tonalidad principal. “Les Collines d´Anacapri”, es página de inspiración italiana y es intensamente viva y luminosa. “Voiles”, queda como una evocación apacible y marcada “moderato”, en una tarde al borde del mar. “Les sons et les parfumes tournent dans l´air du soir”, nos aproxima a la poética de C.Baudelaire y aquí se respira una atmósfera voluptuosa y un tanto obcecada.

“Minstrels”, evidentemente, se columpia en el estilo del mundo del “music-hall” americano y la pieza queda marcada como un “moderato, nervioso y con humor”. Se atisba el mundo del jazz y la plástica de Toulousse-Lautrec, dentro de una gracia burlona, de la que vemos ejemplos en Stravinsky o Paul Hindemith. “La puerta del vino”, se anuncia como una tarjeta postal enviada a nuestro Manuel de Falla y queda como una visión de una España áspera y apasionada. “General Lavine-eccentric”, nos muestra al cómico Edward Lavine, un americano que tocaba el piano con los dedos de los pies en el cabaret “Follies-Marigny”. Un hombre rudo y de singular ingenio. Se decía de él que bajo su humorismo y sus piruetas, ocultaba un corazón sensible. Algo de “ragtime” podemos presentir en la pieza.

“Les fées sont d´exquises danseuses”, un “scherzo” con ritmos y sonoridades casi imperceptibles como los seres irreales que evoca, desarrollándose dentro de una atmósfera armónica deliciosamente indecisa, debido a la oposición bitonal de ambas manos. “Brouillards”, nos sitúa dentro de la apacible melodía de la flauta de un pastor. Por su escritura pentatonal céltica, se reconoce a un pastor que resulta primo lejano de otra pieza similar. “Canope”, es una de las composiciones más enigmáticas por su extrañeza y una de las menos conocidas. La obra evoca, como había hecho en otras, la queja modal, cromática y orientalizante, propia de las antiguas plañideras. “Les tierces alternées”, es más bien un “estudio” que un “preludio”, precedente claro de la colección de 1915, y se desarrolla como un movimiento continuo. “Feux d´artifice”, queda como un modelo de poética brillante. La citación en los últimos compases de una discreta “Marsellesa”, nos permite ubicarla en una fecha tan señalada como el 14 de julio.

Así, mezcladas sin el orden preceptivo, la pianista nos obsequiará con una miscelánea tentadora del grupo de estas piezas repartidas en dos cuadernos, Comparábamos con los “preludios” de Chopin, y es que los de éste no llevaban título, y que en el francés resultan imprescindibles para adentrarse en el mundo que cada una nos ofrece. La admirable esencia del “Preludio” debussysta, la encontramos en que resulta el prólogo eterno de un propósito que no llegará jamás. El “Primer libro” había sido compuesto entre diciembre de 1909 y enero del año siguiente, mientras que el segundo se escalonó a través de tres años, mientras abordaba obras como “Jeux” y “Le martire de Saint Sebastian”.