El Correo Gallego

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CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

La saga/fuga de P.I.

17.02.2016 
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EN una de sus más logradas creaciones literarias Torrente Ballester imagina un pueblo llamado Castroforte de Baralla que, de vez en cuando, se eleva en el cielo y levita. Dicho de otra forma, hay momentos en los que este lugar fantástico no está en ningún sitio y se sitúa en una especie de limbo geográfico, junto con todos sus habitantes. De ellos decían sus vecinos que estaban en las nubes, aunque en este caso el comentario constataba algo literal.

Pablo Iglesias ha plagiado al inmortal escritor ferrolano. No ha escrito una novela como La saga/fuga de J.B, sino un programa de gobierno que, bien pensado, es una novela. Más educado que ese Rajoy que se niega a estrechar la mano de Sánchez, el líder de Podemos lo rechaza de otra forma: hace política ficción. Le echa la zarpa al cuello del socialista, pero con esa delicadeza que el verdugo de Berlanga tenía con quien iba a ser su víctima. "No se burlen del preso que bastante desgracia tiene", pedía Pepe Isbert.

Lo mismo habría que decir de ese candidato socialista al que se reserva el papel de florón. En su reparto, ni siquiera le da Iglesias el Ministerio del Tiempo. El modelo del podemita no es Chávez ni un imán persa, como insinúan los carcas malpensados, sino el conde-duque de Olivares. Pero lo más sugerente de la detallada oferta de Podemos es dónde sitúa a Galicia.

De momento tenemos un estatus claro. Somos una comunidad autónoma regida por la Constitución y el Estatuto. No estamos en ningún limbo institucional. Sin embargo, el plan que prepararon don Pablo y los suyos no nos deja en ningún sitio. En su futuro Estado habrá naciones y comunidades, sin que se diga cuáles son unas y otras ni por qué procedimiento se va a dilucidar la cuestión. Lo más ecuánime sería el sorteo.

En otro apartado se defiende el "derecho a decidir de Cataluña y de las naciones que planteen con especial intensidad su encaje territorial". Es decir, que Cataluña ya parte con la condición nacional asegurada. Galicia tendría que ganársela y después ser muy intensa para que la dejen decidir. Adviértase que, para adquirir el grado de nación y poder autodeterminarse, Galicia no depende de criterios reglados y objetivos, sino de la arbitrariedad. ¿Cómo se mide la intensidad? ¿Quién lo hace? ¿Hay que renovarla como el carné de conducir?

Aunque el programa que Podemos quiere imponerle al PSOE se acerque más a la ficción que a la política, hubiera sido bonito que lo gallego tuviera presencia y concreción, pero quedamos levitando como Castroforte de Baralla. También es verdad que una autodeterminación como la de Breogán Riobóo no interesa.

 

Periodista