El Correo Gallego

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TU NE CEDE MALIS

SANTIAGO CALVO LÓPEZ

Sánchez I, el Ciego

10.08.2018 
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TAL y como dice el refrán, no hay más ciego que el que no quiere ver. Ha sido costumbre a lo largo de nuestra historia nombrar con un mote a nuestros reyes, a saber, el Sabio, la Loca, el Emperador, el Prudente... Permítame, estimado lector, que nombre al presidente del Gobierno como el Ciego, pero no porque sus capacidades físicas no le permitan procesar aquello que sus ojos avistan, sino porque no quiere o no puede ver lo que es evidente para el resto de españoles: los numerosos problemas que se le han acumulado durante sus dos primeros meses al frente del Ejecutivo. ¿Por qué digo tal cosa? Pues porque haciendo balance de los primeros 60 días en La Moncloa, Pedro Sánchez ante una cuestión acerca de qué era el peor momento que había vivido como presidente, se encogió de hombros y se rió, como si la cosa no fuese con él, "no ha habido ningún momento malo", ¿de verdad?

Ya escribí en estas mismas páginas hace unas semanas que los problemas que ha vivido Sánchez han sido numerosos, y que su gobierno, de puro márquetin está comenzando a mostrar sus carencias y su afán por querer que los dos próximos años sean una campaña electoral continua. Generalmente, los gobiernos se forman después de ganar elecciones, este se ha formado para ganar elecciones, y Sánchez y la gente de Ferraz da muestras de su ceguera cuando se muestran eufóricos con los datos arrojados por el último CIS en el que el PSOE ganaría las elecciones con el 29 % de los votos; no digo que el partido del puño y de la rosa no esté en cabeza en estimación de voto en estos momentos, pero que vaya a ganar en prácticamente todas las provincias españolas salvo en el País Vasco y Cataluña es poco creíble y factible. Cosa de uno de los muchos dedazos de este Gobierno en el que ha colocado a buena parte de su ejecutiva en cargos relevantes dentro de la estructura del Estado.

El comienzo de todo este proceso de pérdida de vista data de la primera semana de Gobierno, cuando Máxim Huerta "fue dimitido", y a esto le acompañó la imputación de otro de sus ministros, Luis Planas, el Gobierno de la regeneración ha vivido dos casos relacionados con la corrupción en menos de 60 días, a lo que se suma el encarcelamiento del ex presidente de la Diputación de Valencia; lógico que se haya cesado el jefe de la UCO, porque se avecinaban casos que implicarían a miembros del PSOE, y sino me creen, lean a María Jamardo en Okdiario.

Todo ello siguió con el problema migratorio en el que los agentes y Cuerpos de Seguridad destinados en frontera no dan abasto. Suerte que la UE acaba de desbloquear 55 millones de euros para atajar el problema, pero inyectar más dinero no ataca sus causas últimas, a saber, la pobreza y las escasas libertades que existen en la mayoría de países africanos. Está claro que lo que no se puede es hacer campaña electoral con un tema tan serio, como pasó con el Aquarius, en el que la vicepresidenta fue a "coordinar" la recibida de los 630 inmigrantes cuando en los últimos tiempos hemos estado recibiendo casi 1.000 inmigrantes por semana -en junio el crecimiento con respecto al mismo período del año pasado ha sido de un 166 %-. La evidencia muestra que la inmigración es muy positiva -un incremento en el volumen de inmigrantes de un 1 % implica un 0,32 % más de PIB y una tasa de paro de un 0,21 % menor al pasar tres años de su entrada-. Sin embargo, ser solidarios no debe ir ligado a convertirnos en un país amigable para los traficantes de inmigrantes. Al mismo tiempo, debe haber un plan para formar a los que llegan, porque las personas poco formadas cada vez lo tienen más difícil para encontrar trabajo -solo un 11 % de los nuevos empleos creados desde 2014 tienen como destino a personas que no han superado el Bachillerato-.

Y en asuntos económicos, sin el techo de gasto aprobado y la nueva senda de déficit, las subidas de impuestos exigirán un mayor esfuerzo a los españoles, si al final se aprueban los presupuestos, porque es algo que está por ver, a lo que se le suman las exigencias de soplar y sorber a la vez a empresas -pagar mayores salarios, incrementar la productividad y la inversión e innovación a la vez que se les pide una mayor contribución al Bienestar del Estado-. La ceguera de Sánchez es preocupante, pero quien pagará las consecuencias serán los de siempre.

Economista