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{ el día después }

PEPE CASAL

Ser competitivos

17.01.2017 
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NORMALMENTE realizar un comentario sobre un partido es una tarea rutinaria y solamente exige el esfuerzo de sentarse, reflexionar sobre lo visto e intentar explicar tu versión de los hechos. A veces aciertas, otras no, pero siempre intentas transcribir lo que sientes con el mejor espíritu constructivo. Hacerlo hoy, tras lo visto ante el Fuenlabrada no es nada fácil porque el espectáculo sobre el parquet lo dio el Fuenla, que salvo en el primer cuarto, cuando Pustovyi y Whittington dominaban y el Obra fue claramente superior, su segunda unidad nos sacó de la pista y le dio la vuelta al marcador con suma facilidad. A partir de ahí todo fue coser y cantar para los de Cuspinera, que dieron un recital de baloncesto ofensivo y fueron muy inteligentes en su planteamiento defensivo, colapsando a Dulkys y a partir de ahí la sequía anotadora del Obra hizo el resto. Benzius nunca pudo con Paunic, que es como un armario ropero, a Yusta le vino muy grande defender a Smits, que después de verle hace dos años en LEB Plata se ha convertido en un jugadorazo, y el mexicano Cruz juega, asiste, tira y domina el balón tan bien que ni se enteraron de la ausencia de Popovic. Los dos bases fueron infinitamente superiores a los del Obra, McConnell en defensa ni se enteró, y con sus penetraciones y un par de pases era suficiente para generar todo su juego de ataque o anotar en transiciones muy rápidas. Cuando entró Rupnik sustituyendo a Hakanson pensamos o pensé que se pararía la sangría, pero lo hizo tan bien o mejor que Hakanson. Llovet lo intentó pero no pudo con Sekulic, superior en centímetros, kilos y oficio. Ante todo esto solo queda decir que el Fuenlabrada es hoy por hoy mejor equipo que el Obradoiro individual y colectivamente, y tiene un ritmo de juego muy superior, pero todo esto y lo anterior no justifica la ‘desfeita’ que nos han hecho en Sar, donde solo podemos anotar en nuestro haber la suma de voluntades de Urtasun y Cárdenas. Fue una tarde triste, muy triste, donde por primera vez en seis años se han escuchado silbidos por parte de algunos aficionados que seguro que vinieron a Sar dispuestos a silbar, pero al Fuenlabrada o a los árbitros, nunca a su equipo. Si lo hicieron yo no soy quien para reprocharles nada. Toca reflexionar, analizar la gravedad de la situación y trabajar para solucionarla, que no va a ser nada fácil tanto por la urgencia del calendario como por la clasificación. Y menos mal que el Real Madrid espabiló a última hora remontando un partido que casi tenía perdido ante el Joventut. El sábado nos visita el Tenerife, con los deberes de la Copa hechos, cabeza de serie, y que hoy por hoy está en un sorprendente escalafón superior al del Obra. Con la cabeza fría parece un partido imposible, pero si otros equipos son capaces de ser competitivos el Obra tiene la obligación de serlo. Pedir esto es lo mínimo que se puede pedir.